domingo 26 de junio de 2022 - 12:00 AM

Dos crónicas cortas, dos vidas muy largas

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Columna de
Felipe Zarruk

Desayunar con mi abuelo Sixto Diazgranados en su casa de Barranquilla era una delicia. Lo primero era recoger El Heraldo que venía enrollado junto a dos botellas de leche Ciledco y luego de sentarnos en el comedor ubicado en el segundo nivel de su apartamento, como nieto estaba autorizado para leer no solo el contenido completo del periódico, también de devorar las páginas deportivas las cuales esperábamos con ansiedad para enterarnos de las últimas novedades del Junior o los resultados del béisbol local y de grandes ligas. En esas páginas aparecía la columna de José Víctor De Castro Carroll a quien todos conocimos como Chelo De Castro, un verdadero especialista en temas como el boxeo, el béisbol y el fútbol.

Se convirtió hasta el fin de sus días en el más longevo de los locutores y comentaristas deportivos no solo a nivel local o nacional, también a nivel mundial. Nadie como él para escribir tal y como se habla en una esquina de la calle 72 o en el Paseo Bolívar. Nos dejó una enseñanza muy grande a la hora de resumir, redactar y expresar pensamientos sobre el baloncesto, la pelota caliente, el deporte de las narices chatas y el fútbol. ¡A la hora de titular, era un maestro! Tuvo mucho que ver con el bautizo de escenarios deportivos que para los barranquilleros se convirtieron en recintos sagrados para la práctica de los deportes y sus comentarios matinales en la radio, eran un desayuno tan variado como un bollo limpio, acompañado del picante de la butifarra, humeantes como una arepa e´huevo y un Café Universal. Fue famosa su pelea con Edgar Perea y más aún el disgusto con su esposa en la casa ante la respuesta bastante fuerte del maestro, algo inusual en él. Siempre le agradecí que una mañana en El Heraldo teniendo como testigos a Fabio Poveda y a Estewil Quesada manifestara que el deportista y dirigente más grande en la historia del Atlántico fuera nuestro abuelo Sixto Diazgranados. ¡Se ganó nuestro cariño para siempre!

Al tiempo que partía el maestro Chelo con rumbo a los campocortos celestiales, también pisaba el área sagrada el sanantoniano Carlos Adolfo Riquelme Miranda más conocido en Colombia como Gustavo Adolfo Riquelme, quien no solo atajó en nuestro país en equipos como el América y el Bucaramanga, también lo hizo y con lujo de detalles en el Atlético de Madrid y en el adornado y exquisito balompié peruano, en donde conocían el tamaño de su liderazgo en la portería como quiera que ‘el viejo’ Riquelme y sus valientes compañeros de selección, ganaron el Suramericano de Lima en 1953 lo que les valió ser tratados como héroes hasta el último de sus días.

Riquelme era el último sobreviviente de aquella gesta gloriosa en la cual los ‘paraguas’ le ganaron a Brasil y pasaron de ser unos simples mortales a convertirse en leyendas para siempre. Además siempre que conversé con ciudadanos y periodistas paraguayos y colombianos, coincidían en afirmar que Adolfo Riquelme era único y con un estilo espectacular para atajar, es más, no dudan en asegurar que volando de palo a palo fue el mejor en la historia de los ‘diablos rojos’ del América y de los ‘leopardos’ del Bucaramanga.

En los últimos años soportó varios ataques cerebrovasculares y contragolpes a su valiente corazón, pero nunca pudo atajar el remate al ángulo que le envió la vida ante la partida tempranera de su hijo Roberto, también arquero como él. Gracias por todo querido sanantoniano y gracias por la camiseta paraguaya que me enviaste firmada con tu hija Miriam. Se marcharon dos leyendas del mundo deportivo, dejando a su paso muchas enseñanzas como seres humanos y como profesionales. Nostálgico abrazo, chao y hasta la próxima.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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