domingo 24 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

El médico de 1960

Hoy a los 88 años, disfruta de la tranquilidad de su hogar con doña María Hilva Pastrana y soñando con el legendario equipo del 60, que desde Berto hasta Aceros, Coll, Montanini, Giarizo y Otero eran toda una sinfónica de flautas, saxofones, fagots y clarinetes
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Columna de
Felipe Zarruk

Hace una semana en casa del gordo Flavio Romero me encontré con un amigo de siempre, Daniel Serrano, con quien se armó tremenda charla alrededor del fútbol. Entre papa, yuca y unos guarapos, el negro soltó su descarga sobre su bello padre, don Rodolfo Serrano Pinzón, quien nació en la colonial Villa de los Caballeros de Girón en 1931, estudió su primaria en la escuela de doña Herminia y lo internaron en el colegio jesuita San Pedro Claver junto a sus hermanos Ernesto y Crisanto para que terminaran el bachillerato. Enamorado de la música y el tiple conformó el Conjunto Ideal junto al maestro Juan Guerrero, su hijo Alfonso, Carlos Serrano, Víctor Guerrero tío de Alfonso y Enrique Vargas. Se presentaban en vivo en la desaparecida Radio del Comercio. La fundación del Atlético Bucaramanga coincide con su viaje a la Argentina junto a sus hermanos para estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires y allí tuvo como compañero de aulas al mítico Ernesto Guevara, años después conocido como ‘El Che’.

Luego de su graduación en 1953, tres años después se embarca rumbo a Barcelona y allí en territorio catalán se especializó en gastroenterología y vías digestivas y al regreso a su querida Bucaramanga, trabaja en el hospital San Juan de Dios y las nacientes clínicas de la ciudad.

Llega 1960 y su hermano Crisanto, quien era directivo y socio fundador del club Atlético Bucaramanga el 14 de agosto del 58 como corporación deportiva, lo vincula para que preste sus servicios como médico del fabuloso onceno dirigido por el ‘Andarín’ Barbieri.

Una tarde de aquellas en las que Montanini se gambeteó hasta a sus compañeros y los rivales no lo podían detener, alguien del Cúcuta Deportivo le hizo un corte profundo en la ceja izquierda producto de un codazo al mariscal del área Hugo Scrimaglia y el recio pero elegante zaguero argentino, vino a que lo atendiera el doctor Serrano.

Por indicación de Barbieri, el galeno gironés se lo iba a llevar a la clínica Santa Teresa, pero Scrimaglia le gritó: “¡ Tordo usted disculpe, me cose aquí en la raya, porque yo regreso al partido, ni muerto me voy a salir!”. Y así fue, lo cosió a palo seco y el mariscal de Villa Urquiza volvió para darse de lo lindo con los uruguayos del eterno rival.

El doctor Rodolfo siguió en sus labores y no volvió a ir al estadio luego de la masacre del 11 de octubre del 81. Sin embargo, nunca dejó de estar pendiente de su amado equipo. Hasta hace unos años era común verlo tomando cervecita en Magará junto a Mario Pinzón, Gustavo Serrano y Pedro Gómez Sanmiguel y escuchar la música que coleccionó durante toda su vida con más de 3.000 volúmenes.

Hoy a los 88 años, disfruta de la tranquilidad de su hogar con doña María Hilva Pastrana y soñando con el legendario equipo del 60, que desde Berto hasta Aceros, Coll, Montanini, Giarizo y Otero eran toda una sinfónica de flautas, saxofones, fagots y clarinetes.

El doctor Rodolfo de vez en cuando les prestaba el tiple. Seguramente todavía se sueña cerrándole la herida al Mariscal Hugo Scrimaglia. Un abrazo al médico del 60, señor de señores y hermano de un bellísimo amigo de papá, el gran Crisanto Serrano. Chao y hasta la próxima.

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