domingo 01 de marzo de 2020 - 12:00 AM

El Pollo Leopardo

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Columna de
Felipe Zarruk

En días pasados conocí a Nicolás Niño Mendoza quien no solo es uno de los deportistas del año 2019 Vanguardia – 100 años, también un gran tenista y un chico que heredó el amor por el Atlético Bucaramanga.

Sería una locura pensar que el ‘Pollo’ Niño hubiese sido hincha de Nacional, América u otro equipo diferente al club que fundó su abuelo materno José Luis Mendoza Cárdenas en 1948.

Es que el ingeniero egresado de la UIS, a sus 18 años hizo parte de aquella generación de jóvenes emprendedores quienes fundaron el equipo Atlético Bucaramanga y los cuales fueron conocidos por siempre como ‘Los muchachos del Centenario’, ya que fue en ese café de propiedad de los Díaz Romero en donde tuvo origen el amor de miles de santandereanos.

Y como si fuera poco el papá de Nicolás, cuyo nombre es Mauricio, es hijo de don Aristóbulo y doña Marcia, los cuales han sido dueños toda la vida de la famosa Terraza Veracruz en la cual siempre vendieron boletas para asistir al estadio ‘Alfonso López’ y sus hijos crecieron viendo al Atlético desde la glorieta y el escenario de la 14 en donde han quedado gran variedad de historias protagonizadas por jugadores del once búcaro en décadas anteriores.

Ni qué decir de sus hinchas, los cuales siempre asistían para celebrar los triunfos o a ahogar sus penas producto de las mil o más derrotas en la historia del club.

Lo de este chico inquieto quien desde los cuatro años tomó en sus manos una raqueta para jugar al tenis, no tenía marcha atrás.

Genéticamente traía incrustado el amor por una divisa que hizo caminar aquél 6 de noviembre de 1960, a su abuelo José Luis durante horas por las calles bogotanas, cargando dolor en su gabardina producto de la goleada propinada por Santa Fe 5 a 1 en El Campín, cuando el elenco dirigido por Barbieri era el candidato más grande para ganar el título de ese año.

Esa noche ‘Mendocita’ se fumó más de un paquete de cigarrillos y sus amigos lo esperaban desesperados en el Hotel Regina. Ese mismo amor de sus abuelos lo heredó ‘Nico’, quien aparte de conseguir triunfos en cuanto torneo internacional se le atraviesa, tiene alma leoparda, nunca se rinde, tiene amor propio, disfruta lo que hace, lleva por el mundo con orgullo la bandera de la ciudad, como el día que ganó un torneo en Canadá y en el podio salió a recibir su copa con la camiseta del Atlético.

Llora si pierde en un rectángulo de arcilla y si su equipo amado sale derrotado... llora igual que su abuelo. Camina por el mundo de la mano de los hermanos Núñez y en su interior lleva nobleza, lealtad, sacrificio temperamento, lágrimas y una sonrisa que dibuja su personalidad. ¡Claro... es un Niño Mendoza!. Tenía que ser hincha del Bucaramanga.

Lástima que no hubiese sido futbolista como su tío César o su tío político Oscar Arenas. Sería todo un crack.

Chao y hasta la próxima.

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