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Felipe Zarruk
Sábado 06 de enero de 2024 - 12:00 PM

Hasta ahora me desayuno

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En el mes de diciembre del año pasado me llamó Norma, una de las hijas de Álvaro ‘Pipas’ Solarte, para contarme que su tío Víctor estaba de visita en la ciudad. Sin dudarlo me fui al otro día con cámara y grabadora para el bellísimo barrio Diamante II y allí, en la transversal 23 con 87, me encontré con el hermano menor de don Álvaro quien vino a jugar al Atlético Bucaramanga en los años finales de la década del 60.

Hernán Peláez me confesó a través de la presentación de mi libro “Rumbo al puerto de la libertad” que su cariño hacia el Atlético Bucaramanga nació cuando el Deportivo Cali desaparece del profesionalismo colombiano en 1956 y varios de sus jugadores entre ellos Alejandro Sinisterra, ‘Cheque’ Ávila, Víctor Suárez, Ferney Salazar, Vicente Pinillos, Eusebio Escobar y Álvaro ‘Pipas’ Solarte llegaron al equipo ‘canario’ que por aquellos años dirigía Norberto Juan Peluffo.

Víctor era un muchacho, apenas iniciaba su etapa adolescente, cuando su hermano Álvaro arribó a tierras santandereanas y aquí se quedó para siempre. El menor de los Solarte era volante diez, puntero derecho o izquierdo, y jugó hasta de centro delantero. Estuvo en Millonarios en 1962 con Jorge Ramírez, los llevó el doctor Gabriel Ochoa y como no podía ni tocarla porque ahí estaban Marino Klinger y Delio ‘Maravilla’ Gamboa, se devuelve para el Cali y queda campeón con el onceno azucarero en 1965, 1969 y 1970.

Eran años en los cuales el cuadro verdiblanco -manejado magistralmente por Alex Gorayeb- dominaba el torneo colombiano. El único título que se les escapó fue el del 68 cuando pierden la final ante un bravo y aguerrido Unión Magdalena. Víctor Solarte llegó al Bucaramanga a mitad del año 67 ya que desde febrero hasta junio había vestido la camiseta del Pereira. Aquí jugó al lado de Américo Montanini y ‘Papo’ Flórez y luego partió hacia Ecuador en donde fue campeón con el Deportivo Quito en el 68.

“Yo hago parte de la dinastía de los ‘Pipas’ y con esa chapa nos quedamos para siempre. A mi hermano le pusieron así porque comía mucho banano y le salió tremenda barriga, eso es lo que tengo entendido”. Esa soleada y hermosa mañana del 16 de diciembre del año pasado, le conté a Víctor Solarte Lucumí el porqué de su apodo. Resulta que el América jugó un partido amistoso en el Pascual Guerrero contra el Orión de Costa Rica. Los ‘diablos rojos’ de la Sultana del Valle ganaban fácil cinco a cero. De un momento a otro, el onceno rival se destapó y su centro delantero ‘Pipas’ Cordero les ‘entabacó’ los cinco para empatar el partido que resultó bastante electrizante y atractivo.

Álvaro Solarte jugaba a la pelota con sus amigos del barrio El Porvenir y decía que él quería ser ‘Pipas’ Cordero. Por eso se quedó así para siempre, con ese apodo como dicen en el Valle. Víctor no tenía idea del tema y “Te cuento Felipe que hasta ahora me desayuno”. Para Víctor nadie jugó al fútbol como el peruano Miguel el ‘Mago’ Loayza, como el argentino Ricardo Pegnotti y ni qué decir de los tulueños Jairo Arboleda y Faustino Asprilla. Sus ojos brillaron y se humedecieron al recordar a su querido hermano y a su sobrino Álvaro Mauricio. Y se emocionó al hablar del doctor Hernán Peláez porque dice que nunca los olvida, “es una personota”. Usted también es un gran ser humano querido Víctor, igual que su hermano ‘Pipas’ Solarte. Un abrazo y hasta la próxima.

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