domingo 12 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Felipe Zarruk

“Lloré como un chancho”

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Columna de
Felipe Zarruk

Después del mundial de fútbol de México 86 se reanudó el torneo colombiano y el Atlético Bucaramanga contrató a tres jugadores argentinos ya que el paso del boliviano Erwin Romero por el equipo había sido un auténtico fiasco. Arribaron a la ciudad Darío Erramuspe, Carlos Rodríguez y José Bravo, quienes llegaron procedentes de Atlanta y los dos últimos tenían pasado en Boca Juniors.

El arranque de los tres fue bueno y en el partido del debut ante el Deportivo Pereira en casa, tanto el entrerriano Erramuspe como el sanjuanino Rodríguez se jugaron un gran partido, anotaron goles, sobre todo el de Darío quien gambeteó a volantes y defensores del onceno ‘matecaña’ para marcar el que sería su mejor gol en Colombia. Sin olvidar el que le hizo desde la mitad de la cancha a Hebert Armando Ríos. ¡Ese fue espectacular!

Al Atlético Bucaramanga lo dirigía Hermán ‘Cuca’ Aceros quien en un partido nocturno sacó a Erramuspe para meter a su hijo Gustavo y ahí estalló el problema. Al volante argentino no le agradó la decisión, se fue mascullando su rabia, el público de las tribunas sur y occidental lo silbaron, Darío se quitó la camiseta y la sacudió varias veces, algo que no le gustó a los hinchas. Con el correr de los partidos y los goles del jugador nacido en Colón, provincia de Entre Ríos, las cosas se calmaron y se ganó el cariño de los hinchas del Bucaramanga.

Ese año el onceno auriverde quedó eliminado en el Alfonso López al perder uno a cero en un partido clave ante Santa Fe. Aquella tarde Darío por poco y anota dos golazos de no ser por la brillante actuación de Navarro Montoya quien esa tarde atajó de todo. En el 87 llegó Roberto Di Placido, el equipo arrancó bien y luego de un par de malos resultados, sacaron al técnico argentino y nombraron al uruguayo Víctor Pignanelli quien enderezó el rumbo, Erramuspe se convirtió en el bastión del onceno y en compañía de Catagneto, ‘Watusy’ Lozano, Miller Cuesta, los hermanos García, ‘el León’ Vargas, ‘el Ñato’ Torres y con una delantera que incluía al ‘Panelo’ Valencia, al ‘Niche’ Guerrero y al ‘Mono’ Holguín, Bucaramanga peleó el ingreso al octogonal pero quedó eliminado por un gol del Medellín en el último minuto.

El pase de Erramuspe pertenecía al América de Cali y al final de temporada el empresario Carlos Quieto quien le manejaba todo a Miguel Rodríguez Orejuela le informa que su próximo equipo sería el Quindío. La historia de Darío siempre estuvo ligada a los colores amarillo y verde, con el club de su ciudad natal cuyo nombre es Ñapinda, iguales a los del Bucaramanga y también a los del onceno ‘cuyabro’. “En el Bucaramanga me fue bien, en el Quindío igual. Recuerdo un partido en el que ganábamos con dos goles míos, la gente me gritaba de todo y al final Ramoa lo empató de tiro libre. Jorge es un monstruo, lo vi debutar en Boca. Qué bronca, cómo tienen a ese par de equipos. En 1990 me rompí la rodilla y me vine a operar a Rosario. Cuando estaba en el aeropuerto ¡lloré como un chancho! Sabía que no iba a volver”.

A propósito de ese dos por dos en el Alfonso López, no lo olvido jamás porque esa tarde los dos volantes argentinos ¡me regalaron su camiseta! Después de 33 años volvimos a hablar con ‘el negro’ Darío, el hijo de Luis Isaac y María Helena, un gran jugador y estupendo ser humano. Allá nos veremos en la playa norte de Colón. Un abrazo y hasta la próxima.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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