domingo 16 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Matrimonio deportivo

Unas amigas en común los habían presentado y la heladería Bachué, ubicada frente la ‘alma mater’ sirvió de escenario para el inicio de lo que es una historia de amor que ha recorrido 52 años.
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Columna de
Felipe Zarruk

Yolanda Mantilla Álvarez estaba terminando su carrera de fisioterapia en la Universidad Industrial de Santander y realizaba sus prácticas en el hospital San Juan de Dios cuando de repente apareció en su consultorio Gabriel Peña Pinzón, más conocido en el círculo del tenis de la ciudad como “Peñita”.

Unas amigas en común los habían presentado y la heladería Bachué, ubicada frente la ‘alma mater’ sirvió de escenario para el inicio de lo que es una historia de amor que ha recorrido 52 años.

“Peñita” había llegado con una grave lesión en una de sus piernas, producto de una fractura sufrida jugando al béisbol y ya le había “echado el ojo” a doña Yolanda, porque era el director del departamento de deportes de la UIS, junto a Lázaro Soto, quien, entre otras cosas, aparte de ser el padre de nuestra bella reina Nini Johana Soto González, era un gran basquetbolista en sus años mozos. Don Gabriel Peña tenía un largo historial en el deporte blanco, ya que empezó recogiendo bolas en las canchas de tenis del Parque de Los Niños y gracias a que le regalan una raqueta Dunlop, de madera, termina convertido en campeón local, departamental y subcampeón nacional, al perder la final ante el número uno del ranking en ese momento en Colombia, el maestro Iván Molina. Luego de un noviazgo de 10 meses se casan en la Iglesia de Fátima y doña Yolanda monta su consultorio en la calle 34 con 21, al lado de grandes médicos como Rodolfo Rueda y Guillermo Meléndez. A raíz de su gran amistad con el doctor Álvaro Chaparro Rincón, llega al Atlético Bucaramanga como fisioterapeuta y su primer paciente fue nadie más y nadie menos que el loco Eduardo Emilio Vilarete, quien se acababa de romper el menisco y los ligamentos en 1977.

Doña Yolanda recordó con mucho cariño a los micos García, Kiko Barrios, Zabulón Ruiz, Eusebio Vera Lima, Carlos Mario Hoyos y al gran Humberto “Tucho” Ortiz, con quien se fumaba varios cigarrillitos y conversaban de lo lindo, mientras tomaban café. Amaba tanto al Atlético que nunca cobraba y cualquier día un señorazo como Rodrigo Barbosa le pagó todo lo que se le debía a quien tuvo como último paciente al delantero Julián Téllez, luego de 20 años al servicio del club.

No es común encontrar un matrimonio deportivo como estos, el cual tuvo tres hijos: Gabriel, Oscar y Andrés, quienes heredaron el espíritu de sus padres y los llenaron de nietos a los que disfrutan en medio de una vida tranquila y apacible.

Ellos ven televisión todo el día y se arrugan haciéndole fuerza a un equipo que hoy por hoy ocasiona tristezas y dolores de cabeza.

Vaya un fuerte abrazo a “Peñita” y doña Yolanda y gracias por compartir su historia de amor con nosotros.

Chao y hasta la próxima.

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