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Felipe Zarruk
Sábado 23 de diciembre de 2023 - 12:00 PM

Me senté en el balón y les dije de todo

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En estos días de verano decembrino me encontré en varios eventos con Misael ‘Papo’ Flórez, Eduardo Emilio Vilarete y con el ‘Negro’ Miguel Oswaldo González. Los dos últimos están de visita en nuestra ciudad. Con Misael hablo todo el año y quiero decirle que me conmovieron sus lágrimas hace más de un mes cuando coincidimos en el sepelio de Américo Montanini. A ‘Papo’ y a Jorge Ramoa se les aguaron los ojos en una entrevista que realizaba Javier Orlando Mantilla y justo en ese momento les dijimos que luego de la partida de Américo, en ellos reposaba la grandeza del Atlético Bucaramanga.

La grandeza no es tener títulos en las vitrinas o estrellas en el escudo. Eso aquí no existe todavía. La grandeza de ellos está en su fútbol y en la humildad que brilla en sus corazones. Nadie puede negar que ‘Papo’ y ‘Coco’ fueron jugadores de fútbol fino, sutil, exquisito; además dejaron huella en todas las canchas en donde transpiraron talento. Los aplausos del público fueron su mejor sueldo. ¡Incluyendo el cariño que les tenemos!

A Misael, hijo del barrio Modelo y un modelo de deportista, la ACORD COLOMBIA le acabó de entregar el Premio Vida y Obra por su destacado tránsito en varios equipos del balompié colombiano incluyendo al Atlético Bucaramanga, Junior de Barranquilla, Medellín y la Selección Colombia que obtuvo el subcampeonato en la Copa América de 1975 enfrentando a los peruanos. Precisamente ese mismo año, conformó junto a Vilarete, Gillio y Alfredo Arango una delantera demoledora que hizo más de 80 goles; goles y jugadas que quedaron para siempre en nuestra memoria por los centros del brasileño Gillio, los pases milimétricos y las paredes de ‘Papo’ y el maestro Arango y los golazos de cabeza del ‘loco’ Vilarete, el hijo del barrio Ancón en Santa Marta.

Eduardo Emilio era jugador de las reservas de Millonarios en el 74 y llegó al Atlético dirigido por Edgar Barona. En su reemplazo fue nombrado el uruguayo Víctor Pignanelli y armaron un equipo que poco a poco se convirtió en una máquina de hacer goles, brindar espectáculo y enloquecer a los aficionados al fútbol. Cuando Gillio iba a cobrar un tiro de esquina, los hinchas coreaban el gol de manera anticipada, ya que todo el mundo sabía que ese centro endiablado y con comba, tenía un receptor, que no era otro que el ‘loco’ Vilarete, quien aparecía con su cuello de avestruz y su cabeza de tortuga metiendo el frentazo para sacudir el polvo y el agua de las redes contrarias.

Con ‘Vila’ hablamos de sus locuras, cuando se volaban amarrando sábanas en las patas de las camas de la concentración en la carrera 27 para escabullirse en la oscuridad e irse de farra con el ‘Cabezón’ Ramírez y compañía. A Eduardo se le perdonaba todo, porque en todos los partidos hacía dos y hasta tres goles. Migelucci decía que era un ‘loco lindo’. Palabras similares le dijo el ‘troesma’ Zubeldía a Bilardo cuando el médico era el técnico de Colombia. Además, hablamos de la goleada que nos metió Brasil en Maracaná en 1977 y de su famosa sentada en el balón. “Eche, me senté porque nos estaban paseando y después del gol de Marinho le dije de todo a Retat y a Umaña, que corrieran, ¡no joda! esa es la verdad”. Hoy en día trabaja con las categorías menores del Unión Magdalena. Qué lindo sería tener a ese ‘loco’ por aquí, igual a ‘Papo’, al ‘negro’ Miguel, a Ramoa. Cuatro grandes jugadores de nuestra institución que debería valorar de otra manera a quienes en realidad, fueron y son verdaderos maestros de algo que se llama fútbol. Feliz navidad para todos.

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