domingo 10 de mayo de 2020 - 10:30 AM

¡Un centavo de colección!

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Columna de
Felipe Zarruk

El 30 de julio de 1943 nació José Ignacio Pacheco Dueñas en el seno del hogar conformado por don Luis María y doña Alicia, quienes vivían en el barrio Modelo el cual bordea la histórica cancha de Cristo Rey y en cuyo templo bautizaron a los mejores futbolistas santandereanos de todos los tiempos.

Son ellos Hermán "Cuca Aceros, Misael "Papo" Flórez, Carlo Man Ävila, "Champion" Suárez y Lastra. A estos cracks del balompié bumangués se les unió un muchachito de apellido Pacheco a quien terminaron apodando "Centavo", porque Jose Ignacio hacía veintiunas a pie descalzo y con una moneda de centavo.

Ese numismático apodo le quedaría para siempre y lo diferenciaría de todos los que en aquellas décadas se dedicaron a jugar al fútbol. Entre 1962 y 1966 empezaron a arribar al Atlético Bucaramanga los "chinos" del barrio Modelo, los cuales caminaban algunas cuadras y llegaban al viejo Alfonso López para entrenar con el primer equipo en el cual estaban los legendarios Scrimaglia, Janiot y Montanini, convertidos en ídolos y ejemplo para estos jóvenes quienes transpiraban calidad en el dominio de balón.

"Centavo" afirma con su voz de cantante de música popular que esos tres, sumados a "Cuca", a "Papo" y a Leonidas Hurtado, fueron los mejores que el vio al vestir la camiseta del equipo leopardo. Claro que después añadió: "¡ y Ramoa también...ese man jugaba mucho!".

Su primer sueldo era de mil pesos y cuando se empezó a ganar cuatro mil "¡ Mis compañeros se iban molestando!". Hizo entre 18 o 19 goles, pero recuerda dos en especial. Uno, el que le hizo en el Campín a Otoniel Quintana el 21 de mayo de 1972 desde media cancha, a tal punto que el doctor Hernán Peláez en su mítica columna del diario El Tiempo cuyo nombre era Cara y Sello, titulada ¿Dónde estás Pelé? le escribe a Pacheco que si el mejor jugador de todos los tiempos lo hubiese visto lo envidiaría, ya que el jugador brasileño no pudo anotar un gol desde 60 metros en el mundial de México ante Checoslovaquia. Le apuntó otro a Largacha en Manizales ante el Once Caldas. Su pegada de media distancia era impresionante. Jugó siempre de volante y en los tres puestos, es decir, de seis, de ocho y de diez.

Afirma sin titubear que los dos mejores centrales de la historia del Bucaramanga son sus paisanos Gilberto "Burro" Centeno y Carlo Man Ávila. Se ríe por todo, sigue metido en el negocio de la venta de carne y en alguna época trajo cocosettes, mayonesa y cientos de productos desde San Antonio del Táchira una vez se retiró del fútbol. Tuvo tres hijos, todos hinchas del Atlético y vive en Samanes, un lindo conjunto en la Ciudadela Real de Minas. Del onceno leopardo se fue sin un centavo y a pesar que el equipo se quedó sin "Centavo", Pacheco ama y recuerda con cariño a una institución que le dio todo. Empezando por su gran amigo de toda la vida "Papo" Flórez.

Vaya nuestro abrazo para Ignacio y expresarle que él es un Centavo muy valioso, para coleccionar toda la vida. Chao y hasta la próxima.

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