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Fundación Participar
Miércoles 16 de mayo de 2012 - 12:00 AM

El desastre de la salud

Publicado por: Fundación Participar

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No es posible hablar de manera positiva sobre los esfuerzos que se hacen para corregir los problemas del actual sistema de salud; el optimismo generado hace casi dos años, con el inicio del nuevo gobierno, y luego hace ya casi seis meses, con la “creación” del Ministerio de Salud y el nombramiento de una activa ministra, profesional de la medicina, se va desvaneciendo poco a poco con el paso del tiempo.


No se vislumbran cambios en el aseguramiento o intermediación que han generado los múltiples problemas en nuestro sistema de salud. Las aseguradoras (EPS) se encuentran inconformes con el Gobierno, porque no reciben los respectivos aportes; las instituciones prestadoras (IPS) se quejan de que las EPS no pagan los servicios que han prestado, y tanto hospitales públicos como privados se encuentran al borde de la quiebra, a pesar de que en algunas instituciones ha habido suficiente dinero para malgastar en actividades que nada tienen que ver con su función primaria. Cada día se descubren nuevos despilfarros que se hacen con el dinero de la salud.


Los profesionales se quejan del reiterado incumplimiento en el pago de sus servicios y no es raro encontrar que en determinada institución dejaron de laborar los pediatras o las enfermeras o los médicos de urgencias, porque el hospital les adeuda tres o más meses de salario; mientras tanto, los pacientes o usuarios se quejan de los malos servicios que reciben por parte de sus EPS, de las instituciones prestadoras y de los profesionales que los atienden. En resumen, todos o mejor, la gran mayoría de los actores de nuestro sistema de salud, muestran crecientes y preocupantes grados de insatisfacción con el servicio.


Se argumenta, por parte del Gobierno, sobre la ganancia derivada del aumento en la cobertura que permite a muchos colombianos “gozar” de la atención en salud. Este planteamiento pierde fuerza, al comprobar que no basta con tener un carné que acredite la pertenencia al sistema, si no es posible garantizar el acceso a servicios de salud completos y de excelente calidad.


Los problemas del actual sistema de salud constituyen “el pan nuestro de cada día” y no es posible permanecer indiferentes. Quisiera decir que hemos tocado fondo para tener la esperanza de salir a flote, pero vivimos una permanente catástrofe y hay que reconocer que nuestro sistema de salud es un verdadero desastre.   

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