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Fundación Participar
Miércoles 24 de abril de 2013 - 12:00 AM

Parte un patricio

Publicado por: Fundación Participar

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Como lo afirmó en diferentes oportunidades y escribió en sus artículos, más allá de haberse formado como abogado y haber sido concejal, alcalde, diputado, gobernador, representante a la cámara, senador de la República, ministro de Estado y representante del país en diferentes misiones diplomáticas, Alfonso Gómez Gómez fue ante todo un educador de dedicación exclusiva, un maestro por excelencia. 

Las características de un gran maestro le eran propias: estudio, diálogo, acción comunicativa para alcanzar acuerdos, capacidad didáctica, análisis, permanente actualización a través de la lectura, sentido pedagógico de lo que escribía, producto de esa interacción con las personas y con el mundo. Como un observador bifronte, en su maravillosa memoria almacenaba en forma activa los hitos fundamentales o no de la historia y de la política colombiana y con ese escenario de fondo y con visión de futuro, lideró la creación del Instituto Caldas y la Universidad Autónoma de Bucaramanga, obras que sintetizaron su capacidad de llevar las ideas a la acción.  

Su idea de la educación basada en principios, en derechos y en deberes ha constituido la semilla esencial para la formación  de 3.200 bachilleres y 23.000 profesionales de pregrado y de posgrado. Con este referente, quienes ingresaban a su oficina del quinto piso, oficina de puertas abiertas, para entablar un diálogo o solicitarle su apreciación sobre un tema, tenían la seguridad de que además de encontrar allí un amigo, salían con la sensación de haber aprendido, siempre, algo más.  Se comprenderá por que el
Rector de la Unab, en sus sentidas palabras del pasado viernes, reiteró la sensible pérdida para esta universidad, de quien la acompañó desde su fundación hasta el miércoles 17 en la tarde.

Ese pensamiento del educador que siempre orientó su vida, en el que el respeto por el otro, la tolerancia, la honestidad, la transparencia eran su mejor expresión; igualmente inspiró y guió su vida y su acción política, actividad esta que se expresaba en su capacidad de servicio al ciudadano.

Se siente más la partida  de un hombre sincero como el Doctor Alfonso Gómez Gómez, en momentos en que la injusticia, el oportunismo y la corrupción se constituyen en emblemas del ejercicio político.

Despedimos al maestro con la misma emoción que él manifestó en la celebración de sus 90 años al citar al poeta Porfirio Barba Jacob: “Decid cuando yo muera, y el día esté lejano, era una llama al viento.  Era una llama al viento y el viento la apagó”.

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