miércoles 10 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Alineación ideológica

Aunque Uribe no es candidato, no por ello dejará de jugar en el resultado; su influencia sigue vigente, pero el final es impredecible porque hay una gran dispersión de fuerzas políticas.

Por ahora no se vislumbran coaliciones. Al parecer todos quieren medir su caudal electoral. Las alianzas aflorarán a la altura de la segunda vuelta y entonces el proceso se tornará interesante, porque sabremos si los pactos interpartidistas obedecieron a simples aproximaciones inspiradas en el oportunismo, o si por el contrario, serán la expresión consistente de las afinidades ideológicas. Algunos analistas señalan que la presencia de Álvaro Uribe en la vida nacional polarizó al país entre sus seguidores y sus contradictores; y no les falta razón, porque las personalidades fuertes que desarrollan consecuentemente un programa de Gobierno, suscitan afectos y malquerencias; no son personajes anodinos que pasan por la vida política sin dejar huella. Sin embargo, como ya no será el gran timonel, las agitadas aguas vuelven a sus niveles de apacible marea.

Ha quedado un nuevo mapa político con nítidas fronteras ideológicas: la derecha de evidente estirpe uribista, con definidos perfiles doctrinarios que captó a casi todo el conservatismo porque se sintió interpretado por Uribe, y una buena proporción que desertó del partido liberal porque encontró allí más identidades que en las veleidades de su partido; el Centro, donde, sin proponérselo quedó ubicado el partido liberal con algunos matices fuera de contexto como el caso de Piedad Córdoba, quien por coherencia debería estar en el Polo, donde podría desplegar sus inocultables preferencias por el chavismo; la izquierda encarnada por el Polo, signado por dos tendencias que no son de fácil conciliación: los que veladamente defienden las diversas formas de lucha y quienes prefieren el debate político.

Se avecinan grandes desafíos: para Uribe, demostrar que logró consolidar un nuevo partido político; para el partido Conservador aclarar que no se dejó absorber por el uribismo y aún subsiste políticamente; para el Liberalismo, probar que la disidencia de Uribe no lo hirió de muerte y para el Polo, revelar que es una alternativa seria y no una pasajera ilusión de quienes profesan esa doctrina. Amanecerá y veremos. En el pluralismo reside el vigor democrático.

 

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