sábado 22 de junio de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga en zozobra

El viacrucis al que se ha sometido a la ciudad afecta gravemente su institucionalidad y debe terminar ya.

La Real Academia Española define Madurez como el juicio prudente o sensato; también como la edad de un individuo que disfruta plenamente de sus capacidades.

Para abundar en la comprensión del término, transcribo otras definiciones extraídas de un texto del prestigioso Tecnológico de Monterrey: Madurez es la habilidad de una persona para aceptar sus aciertos o errores y estar dispuesto a afrontar las consecuencias de los mismos. Madurez es la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin quejas ni abatimientos. Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia ni destrucción. Madurez es humildad, es ser suficientemente grande para decir “me equivoqué” y cuando se está en lo correcto, no experimentar la satisfacción de decir “te lo dije”. Madurez significa confiabilidad, mantener nuestra palabra. Madurez es perseverancia, la habilidad de sacar adelante un proyecto o una situación a pesar de una fuerte oposición. Madurez significa cero excusas, cero justificaciones. Madurez es el acto de vivir en paz con lo que no se puede cambiar.

Muy pocas personas sensatas se atreverían a desconocer los logros que ha alcanzado la administración de Rodolfo Hernández en materia de transparencia en los procesos de contratación, el saneamiento de las finanzas del Municipio o la construcción de numerosos espacios dignos para la educación, la recreación, las actividades comunitarias, para mencionar sólo algunos logros que merecen aplauso. Pero la zozobra que ha vivido Bucaramanga durante meses con la suspensión del Alcalde es un episodio que nunca debió tener lugar y que deja varias reflexiones. Entre ellas, el apoyo generoso y desinteresado que recibió de un buen número de empresarios, pese a que pudieran tener reclamos por la forma poco considerada en que se refiere a ellos. Ojalá ese gesto sea correspondido.

La dignidad y la responsabilidad del cargo que ostenta un alcalde, sea en propiedad o encargado, obligan a actuar con la máxima sensatez y mesura.

El viacrucis al que se ha sometido a la ciudad afecta gravemente su institucionalidad y debe terminar ya.

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