miércoles 02 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Calidad total

Las actuales exigencias en toda institución y para cualquier cosa sobre la calidad, se han vuelto un negocio. Tanto, que las entidades 'certificadoras' han proliferado en el mundo. Esta afirmación no significa, de ninguna manera, que desconozca la importancia de esa propiedad, fundamental para todo ser animal, vegetal o mineral, como es la calidad. El control de calidad sobre las cosas o productos es tan importante, que gracias a ello las industrias compiten no sólo para innovar, sino para mejorar lo que producen.

Sin embargo, en el caso de los sistemas administrativos, creo que se ha exagerado. Nadie duda que el control de los procesos administrativos es necesario y útil para cualquier entidad. Pero que la máxima aspiración de una institución sea obtener la 'certificación de calidad', es demasiado. La culminación de dicho proceso largo y costoso, se cree que es la entrega de la ansiada certificación en medio de pomposa ceremonia, con fotos a granel y páginas enteras en la prensa sobre lo que significa semejante hazaña. Pero ahí no termina el asunto. Resulta que cada año hay que repetir y pagar el mencionado proceso pues de lo contrario lo 'descertifican'. (Yo sinceramente no entiendo qué puede ser eso).

En Educación, los sistemas de medición de la calidad se rigen por parámetros bien diferentes y, sin descuidar lo administrativo, lo más importante es qué se enseña y cómo se enseña, y nó el modo como se llenan complicados formatos administrativos. Lo que define la calidad de una institución educativa, en cualquier nivel, son los resultados de unas pruebas elaboradas y revisadas técnicamente, que miden los conocimientos adquiridos, las aptitudes y el razonamiento del estudiante.

Los recientes resultados de las pruebas del ICFES para el ingreso a la educación superior en Santander nos han llenado de orgullo. Sin embargo, deberíamos mirar con más cuidado los datos de la educación pública en comparación con la privada ya que aquellos son, en general, bastante inferiores; y aunque no creo que vayan a 'descertificar' a los colegios con malos resultados sí pienso que solamente cuando la educación pública básica tenga la calidad de la privada podremos cantar victoria sobre la calidad total de nuestra educación. No es justo que después de un proceso educativo tan diferente en calidad en cada caso, los estudiantes tengan que enfrentarse al mismo examen para acceder a la universidad. Si por ejemplo, los exámenes de Estado fueran para obtener el título de bachiller, la educación media oficial tendría que mejorar su calidad pues de lo contrario allí pocos alumnos podrían ser bachilleres. Entonces, el discurso político de nuestros gobernantes en cuanto a la educación, tendría que cambiar de promesas a realizaciones.

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