sábado 25 de abril de 2020 - 12:00 AM

Contrastes en la pandemia

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Sin duda, en medio del dramático escenario suscitado por la presencia del Covid-19 han salido a flote alentadoras expresiones de solidaridad humana, que ostentan valor suficiente para reconciliarnos con las dificultades de la vida, pero, a la vez, han entrado en escena repugnantes conductas que encarnan condiciones abominables de personas que anidan en su alma malignos y perversos sentimientos.

En efecto, de una parte, es preciso resaltar la generosidad asumida por algunas empresas y ciudadanos pudientes ante las condiciones de penuria en que están inmersas tantas familias que, por cuenta del necesario confinamiento, se han visto privadas de los mínimos ingresos de supervivencia. Ilustra esa encomiable actitud el buen suceso de la “Donatón Bogotá Solidaria en Casa”, en la que se recaudaron cerca de 52 mil millones de pesos, de los cuales 47 mil millones están representados en donaciones en especie.

En contraste, impensable que en medio de semejante calamidad social existan personas que, sin reato alguno, pretendan lucrarse con la desviación de recursos estatales destinados a aliviar la situación de indigencia en que se debate un significativo núcleo poblacional. Difícil concebir que el espíritu de la corrupción, ni siquiera en medio de tan penosa tragedia, “aplane su curva” de voracidad, persistiendo en la ilícita práctica de los sobreprecios, esta vez, aplicada a los alimentos y bienes sanitarios adquiridos con recursos estatales, destinados a cubrir necesidades básicas de la emergencia social en comento. Situación que, al parecer, se ha configurado en varias regiones y localidades, conforme a lo denunciado por los organismos de control, al realizar el ejercicio elemental de cotejar los precios contractuales con los del mercado.

El referido comportamiento genera tal grado de indignación que motivó al Presidente a comparar, a quienes así hubiesen obrado, con las “ratas de alcantarilla”. ¿Acaso se merecen un calificativo más liviano? El deber ser de la justicia reclama sanciones ejemplarizantes, porque la indolencia y el evidente daño colectivo son inconmensurables.

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