sábado 27 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Democracia de apariencia

Las recientes elecciones han dejado un ambiente preocupante de incertidumbre y sospecha y de serios cuestionamientos sobre la profunda crisis que afecta el ejercicio democrático, pues si bien no se trata de fenómenos nuevos, han llegado a un alarmante nivel de generalización que merecen nuestras reflexiones.

En primer lugar, la compra de votos en esta oportunidad la vivimos convertida en una práctica tan descarada, que abiertamente se nos preguntaba por el valor que ofrecía el candidato de nuestras preferencias. Nunca antes se entregaban con tanta generosidad cajetillas de cigarrillos con la platica adentro, o cajas de chicles con billetes incluidos. Antes del día electoral se generalizó el rumor de los ríos de dinero de dudosa procedencia. Mi pregunta es: ¿si se sabía que esto estaba sucediendo en todo el país, qué se hizo para evitarlo?  En dónde estuvieron los entes de control (Procuraduría y Contraloría), la Fiscalía y el Estado en general para prevenir tan censurables conductas? ¿No se podía perseguir, como se hace con cualquier banda de ladrones, a quienes abiertamente y de múltiples maneras ofrecían dinero? ¿No se hubiera podido poner al descubierto, en el momento mismo de cometer el delito, a esos individuos, capturarlos y llegar hasta la identificación de los candidatos que patrocinaban estas conductas?

En segundo lugar, la utilización de las entidades del gobierno del nivel nacional, departamental y municipal, así como de sus programas, para presionar electores, fue también descarada y vergonzosa.

Adicionalmente, fue clara la burla a la Justicia por cuenta de aquellos congresistas o ex congresistas investigados o en la cárcel, que con gran frescura organizaron desde allí toda la faena electoral y llevaron al triunfo a sus familiares, socios políticos  o amigos.

Ese panorama desolador que observamos en las elecciones del pasado domingo 14 nos demostró que nuestra democracia padece de males que se han venido agravando y claman por profundas rectificaciones. Muy poco puede esperarse de un Congreso mayoritariamente integrado por personas que utilizaron esos métodos, acudiendo al engaño y a la coacción.

Finalmente me pregunto para qué van a servir los datos suministrados por los 70 observadores de la famosa Misión de Veeduría Electoral de la OEA, con sus múltiples denuncias sobre prácticas corruptas en todo el proceso electoral. Porque ahora que no nos salgan con el cuento tan común hoy, y que ya he oído, de que todo el problema se debe a 'fallas estructurales del sistema', lo cual, en últimas, es NADA.

 

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