sábado 18 de febrero de 2023 - 12:00 AM

Fundación Participar

Desde el balcón

Quienes con paciencia y gran expectativa escuchamos el discurso del Presidente Petro desde el balcón del Palacio de Nariño, el pasado martes, tuvimos una gran desilusión: frente a una Plaza de Armas a medio llenar, a pesar de haber sido convocados los funcionarios del gobierno, los sindicatos y por supuesto todos los fieles seguidores del Presidente Petro, pudimos ver el lamentable espectáculo del Presidente de la República dirigiéndose a sus electores exclusivamente, con un lenguaje de campaña, olvidándose que un Jefe de Estado gobierna para todos, no amenaza a nadie, no invita al desorden y menos aún si se trata de alguien que tiene como bandera de su gobierno la Paz Total.

Yo sí creí que, como se había anunciado, la convocatoria era para explicar la reforma a la salud que hasta la noche anterior se había mantenido en secreto. Pero oh sorpresa, de ese tema fue poco lo que explicó. Insistió en la liberación de los miembros de la primera línea detenidos diciendo: ”sueltan a los asesinos, a los mafiosos, pero no sueltan a la juventud, les preocupa que se conviertan en gestores de paz”. Acá también reconoció que el estallido social era la que lo había impulsado a la presidente. Amedrentó al Congreso diciendo que” si la reformas se entraban allí lo que están haciendo es no construir los caminos de la Paz” Y terminó así: “El presidente de la República llama a su pueblo a levantarse, a no arrodillarse, a convertirse en una multitud que tiene en sus manos el futuro, el presente....si fallamos pasan por encima de nosotros”.

Ese discurso no solamente fue agresivo contra la clase empresarial y lo que él llama oligarquía sino que en vez de invitar a la concordia y la unión, profundizó la polarización, la lucha de clases y dejó al país más fracturado de lo que ya estaba. Además, a mi modo de ver, algo verdaderamente grave: quiso hacer gala de su superioridad con respecto a los otros dos poderes que nos rigen: el legislativo y el judicial. ¿Para dónde iremos?

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad