sábado 26 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Educación para una nueva era

Los países en vía de desarrollo hacen ingentes esfuerzos por cerrar las brechas entre los diferentes niveles socio-económicos de su población; y lo hacen, en primera instancia, incrementando la cobertura en todos los niveles educativos, básica, media y superior.  Se hace una parte de la tarea, por alcanzar ese objetivo.

A la par con el incremento del número de bancas ocupadas en las instituciones educativas, hoy, se debe trabajar por incrementar la calidad de la educación y en especial por educar para lo que demanda el mundo del trabajo. Es necesario propugnar por una educación con sentido, una educación que le permita al educando, en un futuro, insertarse en escenarios que le generen satisfacción y cubrir dignamente sus necesidades básicas. ¿Cómo armonizar los factores determinantes de una educación integral y cómo alinear las necesidades de la sociedad con las aspiraciones y motivaciones de las personas en formación? En un mundo que evoluciona vertiginosamente, gracias al desarrollo en ciencia y tecnología, sólo la formación de talento humano permitirá a los países en desarrollo, neutralizar el empobrecimiento de sus comunidades y sortear los obstáculos que impiden su progreso.

Este logro no depende sólo del sector gobierno, concentrado, ahora, en la cobertura; también depende de la acción sinérgica de los sectores sociales y de la voluntad de las personas que se educan. Esta acción sinérgica debe acortar distancias entre lo ofertado por el sector educativo y lo que demanda el mundo del trabajo, cerrar la brecha entre las características de la educación de las personas y la oportunidades que brinda ese mundo, cerrar la brecha entre la vocación competitiva de las regiones y la formación del talento.

Es un serio desafío para educandos, educadores, empleadores y en particular para el gobierno, el cual tiene la responsabilidad de generar condiciones que garanticen este derecho fundamental de las personas. El estado, en forma maestra, debe dirigir un proceso educativo centrado no sólo en cobertura; sino también, en la estrategia para lograr que los egresados del sistema educativo se ubiquen en escenarios que les generen satisfacción, que correspondan a lo que requiere la sociedad y que propendan por cambiar la situación de pobreza del país. La educación, como lo dicen todos, es la clave; pero, la educación con sentido. Rol crucial en este escenario es el de los maestros; a quienes les corresponde, por excelencia, conducir la avanzada en la formación de talento humano.

Sin claridad sobre estos roles y sin el diseño de programas educativos integrales es difícil avanzar para cerrar estas brechas, lo cual propicia la solución de los problemas socio-económicos sólo mediante subsidios.



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