miércoles 18 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

El drama venezolano

Por décadas, Venezuela fue sometida a la implacable malversación de fondos por cuenta de una dirigencia política corrupta, que abonó el terreno para que irrumpiera un coronel de escasa formación intelectual, pero con desmesuradas ambiciones de poder, que no caben en el territorio de su patria, y tras el delirio de difusas nostalgias bolivarianas, ha convertido en incondicionales satélites a los gobiernos de Ecuador y Bolivia, pero como en Colombia no encontró un presidente proclive a sus pretensiones expansionistas, incrementó sus apoyos políticos y logísticos a la subversión; y como no le diera resultado, cerró las fronteras comerciales y, ahora, está ambientando la intervención militar so pretexto de la amenaza de las bases Colombianas.

La enconada diatriba de Chávez contra el gobierno Colombiano tiene una explicación obvia: las bases le neutralizan todo su equipamiento bélico, y con ello su chantaje militar. La nueva correlación de fuerzas lo coloca en una colosal desventaja. Es el teatro de peligrosas distracciones creado por Chávez ante el dramático deterioro de su imagen al interior del país. El riesgo reside en una mente acostumbrada a reacciones primarias, que puede generar escaramuzas en la frontera para justificar el despojo del poder a los gobernadores limítrofes no afectos a su política.

El creciente decaimiento del país es el resultado lógico de un gobierno que, desconectado de la historia, pretende revivir un modelo, que sacrificó la libertad de sus pueblos sin lograr eficacia en la producción de los bienes y servicios requeridos por ellos.

Al comienzo de su gobierno estatizó las empresas proveedoras de servicios de energía, cuya deplorable administración oficial ha llegado al nivel de desgreño que hoy acusa, sometiendo al país a un severo racionamiento, acompañado de deficiencias en el suministro de agua potable. Episodio impensable en un país dotado generosamente de recursos hídricos; y la respuesta del presidente es el uso de la linterna -que pasará a las velas cuando se agoten las últimas pilas importadas de Colombia- en un melancólico regreso a la edad de piedra. Es la receta alentadora de la revolución bolivariana. Es el preludio de su derrota en las urnas: la falta de agua y energía desvanecen aún a las más férreas dictaduras.

 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad