miércoles 04 de octubre de 2023 - 12:00 AM

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Ética de mínimos

En la visión tradicional de la sociedad moderna y capitalista, el progreso era la consecuencia lógica del desarrollo de las personas y lo que realmente se quería expresar con ello era un sinónimo de bienestar económico. Se decía que una persona progresaba en la medida en que fuera juiciosa, estudiara, trabajara, ahorrara, comprara una casa, un carro y pagara impuestos. Todo ese proceso le garantizaba una movilidad ascendente por la escalera social.

Aun en medio de todas las guerras internas, la sociedad colombiana se formó bajo este paradigma del bienestar. La gran mayoría tenían la idea de que sólo el trabajo duro era generador de riqueza. Sin embargo, en la década de los ochenta del siglo pasado, un grupo variopinto de personas descubrieron que el camino hacia la riqueza, y por ende hacia aquella idea del progreso, no tenía que ser por una empinada escalera de esfuerzos, paciencia y constancia, había un atajo: el narcotráfico.

El narcotráfico surge como nuevo paradigma de la movilidad social ascendente, de manera rápida y con alto riesgo, pero con grandes recompensas y con él un nuevo estilo de vida, una nueva estética y nuevas maneras de resolver los conflictos. La imagen de un mundo soportado en la idea del trabajo duro, la honestidad y el temor de Dios comienza a resquebrajarse mientras la sociedad avanza hacia una nueva imagen de sí misma pero más por imposición que por convicción o madurez histórica.

Repentinamente nos convertimos en una sociedad moderna, laica y protectora de los derechos humanos. Nos abrimos al mundo económico y el contrato social cambió. Los referentes éticos y morales construidos durante siglos se volvieron obsoletos, pero no estábamos preparados para afrontar los nuevos desafíos de este mundo moderno; por eso después de más treinta años seguimos en este marasmo creado por el narcotráfico que ha invadido todas las esferas sociales y aún no estamos claros sobre el tipo de sociedad que somos.

Urge iniciar un diálogo nacional para trabajar en una ética de mínimos y trabajar para convertirnos en la sociedad que creemos ser.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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