sábado 31 de julio de 2021 - 12:00 AM

La amoralidad

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De una u otra forma en nuestro país se intenta combatir la corrupción como cuestión de inmoralidad, criterio que no es acertado pues infortunadamente hace varios años se produjo, entre nosotros, el tránsito a la amoralidad. En la infancia todos podemos asimilar lo que se entiende por buenas costumbres: de ahí la importancia del ejemplo que reciba el niño de sus padres. Mientras más tiempo acompañen los padres a sus hijos mejor será su formación, pero esto puede tornarse en un dilema difícil de arreglar cuando ambos padres trabajan todo el día. Tal dificultad podría tener parcial solución una vez en el país se haya generalizado el trabajo por horas, en casa del empleado, o donde lo señale el empleador.

Con justa razón muchos colombianos consideramos que la corrupción es el mayor cáncer que afronta nuestro país y la pretensión de eliminarlo con leyes y decretos ha sido un rotundo fracaso, pero ha servido para probar y comprobar que la solución está en la educación y aún más en la buena formación de niños y jóvenes. Así mismo está claro que la inmoralidad es combatible con acciones ya bien conocidas; mas el haber caído en la amoralidad nos coloca en un estado de casi total indefensión.

Amoralidad, dice la Real Academia de la Lengua, es todo lo que carezca de sentido moral. Y si la comunidad pierde el sentido moral, también pierde su capacidad para distinguir entre el bien y el mal. Nada más preocupante pues una sociedad no puede reeducar o “formar” a cientos de miles de adultos. No obstante los ciudadanos de bien estamos obligados a insistir y plantear acciones contundentes que a mediano plazo dejen a quienes nos sucedan, nuevas generaciones de jóvenes formados en torno a claros principios y valores morales.

QEPD: Treinta años atrás varios santandereanos amigos del civismo, creamos la Fundación para la Participación Ciudadana, cuyos objetivos siguen vigentes, dado que la comunidad requiere que los ciudadanos se manifiesten y participen en todo lo que busque solucionar las necesidades colectivas. Hizo parte del grupo fundador ese ciudadano ejemplar e inolvidable, don Rafael Ardila Duarte, a cuya esposa e hijos acompañamos sentidamente.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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