sábado 21 de marzo de 2020 - 12:00 AM

La incidencia social del coronavirus

En suma, asistimos a un momento crucial en el que se pondrá a prueba la capacidad de resiliencia ante el reto que plantea el peligroso virus que nos acecha sin contemplación.
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La sorpresiva irrupción del coronavirus y su impredecible capacidad de transmisión explican el que la ciencia médica no estuviese preparada para contener su avasalladora multiplicación o, por lo menos, mitigar sus peligrosos efectos sobre la salud humana. Al parecer, los países donde originariamente irrumpió subestimaron la dimensión de sus impactos y el consecuente apremio de las medidas para su neutralización.

Su connotación de pandemia, tal como fue calificada por la Organización Mundial de la Salud- OMS-, justifica que numerosos países -si bien en forma tardía- hubiesen optado por el cierre de sus fronteras terrestres, aéreas y marítimas, a efecto de impedir el ingreso de viajeros extranjeros provenientes de naciones donde el virus en cuestión ha dejado una huella de incalculables daños y la amenaza de su incontenible expansión.

El cierre de las fronteras nacionales implica un aislamiento recíproco, en cuanto afecta al país que toma esa decisión como respecto de aquel a quien se le aplica. Es un escenario en el que el imperativo de la supervivencia humana impone la necesidad de configurar, temporal y virtualmente, un nuevo mapa universal en el que la globalización cede sus criterios prevalentes a la insularidad, sin que el requerimiento de un distanciamiento físico impida las relaciones comerciales y la convocatoria de un nuevo espíritu de solidaridad humana, que demanda el concierto de las naciones en procura de superar la difícil coyuntura que agobia al mundo.

Al interior de cada país, las medidas preventivas y de contención también imponen condicionamientos que impiden o limitan expresiones sociales que comporten presencia abigarrada de público; criterio llamado a incidir en numerosos ámbitos de la vida colectiva: las clases virtuales en colegios y universidades; el teletrabajo; restricciones en las concentraciones políticas, sindicales o religiosas; en los eventos deportivos.

En suma, asistimos a un momento crucial en el que se pondrá a prueba la capacidad de resiliencia ante el reto que plantea el peligroso virus que nos acecha sin contemplación.

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