sábado 15 de junio de 2019 - 12:00 AM

La mujer en la política

Si queremos igualdad de verdad no pidamos normas ni leyes especiales para lograr que por el solo hecho de ser mujeres, nos prefieran.

Con el título de “La importancia de la participación política de las mujeres” tuve la oportunidad de asistir como panelista a un foro organizado por varias entidades sin ánimo de lucro y en el cual se expusieron diversos planteamientos al respecto. Luego de escuchar los análisis históricos sobre la presencia femenina en los momentos claves de nuestra independencia y de coincidir en lo trascendental que es la participación de la mujer en la política, dicha reunión se centró en las características de nuestra participación en los procesos electorales. En este sentido se consideraron dos aspectos: la mujer como electora y la mujer como candidata.

Como electora, se comentó, puede limitarse a ser una persona más, que cumple con el derecho y el deber de elegir; sin embargo, teniendo en cuenta ciertos atributos femeninos como son, entre otros, su intuición, honestidad, espíritu de servicio, sensibilidad, la mujer luego de informarse sobre el proceso electoral y los antecedentes y calidades de los candidatos, podrá informar y orientar correctamente a la comunidad respecto a la responsabilidad del voto y lo que significa para el futuro de todos escoger la mejor opción. Como candidata el compromiso es mucho mayor, y al igual que el hombre, debe conocer muy bien el entorno que va a gobernar y sus principales falencias, tener claridad de propósitos, ser honesta y coherente, no mentir jamás, saber transmitir lo que propone, comprender lo que significa la gestión pública, hacer una campaña austera rodeada de la mejor gente sin distingos de ninguna índole.

Finalmente se concluyó que en un país como Colombia donde su población es mayormente femenina y donde la mujer está igualmente preparada que el hombre, podríamos tener más gobernantes mujeres si no fuera porque somos todos, hombres y mujeres, inmensamente machistas... lo cual no significa simpatizar con los famosos “movimientos feministas” que nos discriminan más. Si queremos igualdad de verdad no pidamos normas ni leyes especiales para lograr que por el solo hecho de ser mujeres, nos prefieran. Valemos por lo que somos y hacemos.

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