sábado 13 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Los límites del pragmatismo

Por definición, la guerra siempre implica unas cargas inmensas en términos de vidas humanas, en recursos económicos, en oportunidades de bienestar que se desvanecen. Por ello el país comparte los esfuerzos del gobierno en esa búsqueda incesante de ganar la guerra para aclimatar la paz.

Sin embargo, el tratamiento oficial que se le otorgó a alias 'Isaza' –que al parecer se anuncia como criterio rector del tema- a raíz de la liberación del ex congresista Oscar Tulio Lizcano, suscita profundas reflexiones en torno a los alcances de una política inspirada en loables propósitos, pero con el uso de medios que dejan muchas dudas sobre su viabilidad legal y sobre su conveniencia frente al imperativo moral de construir una conciencia colectiva sin fisuras, de cara a los valores esenciales que informan el ordenamiento de la vida social.

Esa política genera importantes efectos: el regreso a la libertad de personas humilladas y disminuidas en su dignidad; se descarga sobre la guerrilla un golpe devastador, porque su ejército de mercenarios siempre es proclive a las atractivas ofertas económicas y de esa fragilidad humana se deriva la fortaleza y la eficacia de la estrategia del gobierno. El modelo es técnicamente impecable. Pero la pregunta es si admite el mismo juicio de valor desde la perspectiva jurídica y si resiste el escrutinio frente a un proyecto de paz, sin desmedro de los valores tutelares que lo presiden.

El tema sugiere varios interrogantes: ¿Cómo sustraer al carcelero del delito de secuestro, cuando él prolonga la conducta delictiva? ¿Cómo indultar a quien ha incurrido en un delito atroz? ¿Cómo justificar una recompensa por haber puesto en libertad a su víctima? ¿Qué mensaje recibe el ciudadano que se gana el sustento con el trabajo esforzado y honorable?

A las señales equívocas que se envían a nivel interno, se agrega la eventual intervención de la Corte Penal Internacional, ante la evidente impunidad frente a delitos de lesa humanidad, con todas las connotaciones que comportaría para la imagen del país.

Es oportuno analizar reflexivamente el tema, porque el pragmatismo que motiva el anhelo de ganar la guerra tiene sus justas fronteras que no es dable rebasar.

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