miércoles 03 de junio de 2009 - 10:00 AM

Nos toca a todos

Los últimos datos sobre el desplazamiento forzado en Santander son tan alarmantes, que deberían ser motivo de preocupación general, pues como en el caso de la epidemia AH1N1, es algo que 'nos toca a todos.'

Según las estadísticas suministradas por los organismos internacionales y nacionales en el reciente Foro organizado por Participar, en Santander, hay más de 120.000 desplazados de los cuales aproximadamente el 50% se albergan en el Área Metropolitana de Bucaramanga y según estudios de dichos organismos, es una población que día a día sigue creciendo.

Y cuando digo que 'nos toca a todos', no significa simplemente que estas personas que se dicen desplazados (no siempre lo son), nos estorben en las calles, nos incomoden en los semáforos y afeen la ciudad. No, lo que quiero decir es que por falta de información y de campañas de concientización sobre tan grave problema, no conocemos lo que significa esto, sus orígenes y sus consecuencias para el desarrollo nacional o local.

El desplazamiento forzado, verdadera tragedia en Colombia, ha sido la forma como las víctimas de la violencia armada procuran conservar su vida. Dejar por la fuerza todo lo que se tiene, produce dolor y angustia. Pero además, la incertidumbre de llegar a un medio desconocido, indiferente y casi siempre hostil, como es la ciudad, desestabiliza a cualquiera. Los que quieren regresar a sus tierras que añoran, no pueden por falta total de condiciones para ello. Y los que se quedan en la ciudad sufren, cuando menos, el desprecio de la sociedad.

Sabemos que son muchas las entidades que dedican cuantiosos recursos económicos, técnicos y humanos, con miras a ofrecer alternativas de solución a de este flagelo; pero como tantas veces ocurre, cada cual trabaja por su lado, no existe coordinación entre ellas y por lo tanto, se desperdician y hasta se despilfarran muchos de estos esfuerzos, con el agravante de que en ocasiones las soluciones se limitan a programas asistencialistas que en vez de solucionar el problema, lo agravan.

Pero no solo la descoordinación es lo que dificulta el logro de resultados concretos y notorios. No existen políticas de Estado y no por falta de normas que en este aspecto las hay y muchas. Hace falta voluntad política para asumir la situación a fondo y ponerle remedio.

La Gobernación de Santander, con el apoyo de Acnur, las Ong´s, los gremios y la población civil, podría adelantar un programa con metas y propósitos claros, que sirva de ejemplo nacional para solucionar uno de los problemas más serios que tiene el país. 

 

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