sábado 09 de julio de 2022 - 12:00 AM

Nuevo escenario político

Los procesos eleccionarios de orden presidencial, además de definir quién será el llamado a regir los destinos nacionales, es el ámbito en el que los diferentes aspirantes le exponen a la opinión ciudadana las propuestas fundamentales que pretenden desarrollar durante el ejercicio de su mandato. En ese contexto cada quién sustenta sus criterios y controvierte los de sus contradictores, a efecto de que el electorado evalúe la validez y conveniencia para el país de las tesis expuestas y en función de ello adopte sus preferencias electorales.

En ese orden, la coherencia política induce a pensar que quienes votaron a favor del jefe de Estado electo, conformarán la fuerza política de respaldo al nuevo gobierno y quiénes no estuvieron en esa línea -en el caso reciente el antipetrismo- están llamados a optar por la condición de fuerza opositora o, cuando menos, como fuerza independiente. Son las tres opciones que ofrece la legislación que regula la materia. Lo que no resulta comprensible es que quienes cuestionaron en forma rotunda las tesis esgrimidas por quien ganó las elecciones, en forma sorpresiva se convirtieron, ahora, en fuerza de respaldo al nuevo gobierno, olvidando los argumentos que los distanciaron radicalmente durante la campaña.

Desde la perspectiva de la gobernabilidad, que anima al nuevo presidente, es absolutamente comprensible su hábil estrategia desplegada al convocar a la unidad nacional, con la obvia pretensión de allanar el camino para asegurar el buen suceso de sus anunciadas reformas constitucionales y legislativas. Pero en semejantes circunstancias pierden toda credibilidad quienes cuestionaron con radical acerbidad la agenda programática de quien ganó las elecciones, pero que a la postre se convirtieron en sus nuevos aliados; quedando literalmente desaparecida la fuerza política llamada a ejercer la oposición; es bien sabido que un gobierno sin control político no clasifica en el escenario democrático.

Es oportuno recordar la manida reflexión, en el sentido de que quien es elegido gobierna y quien es derrotado vigila, obligación que se predica de ambas partes.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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