miércoles 28 de enero de 2009 - 10:00 AM

Obama y el Vaticano

La popularidad de un gobernante generalmente llega al máximo en los días posteriores a su elección y algunas veces se mantiene sólo hasta su posesión. Cada uno lo identifica con sus ilusiones y se esperan de él decisiones imposibles y aún contradictorias. La 'fiebre' Barack Obama no es la excepción. Las primeras medidas, no por anunciadas, han producido  escozor en algunos sectores.

La decisión de  cerrar en un año de la cárcel de Guantánamo, que fue durante años una afrenta al mundo civilizado y de imposible aceptación, ha generado reacciones negativas de aquellos que consideran que la única fórmula para imponer la paz contra el terrorismo es la mano dura, aún por encima de los derechos humanos. Fue un criterio que imperó en el Gobierno de George Bush y que Colombia seguirá como política oficial del actual Gobierno y que aún comparten muchos ciudadanos.

Pero la más fuerte crítica que ha recibido el presidente Barack Obama, ha sido de la Iglesia Católica. El mismo Monseñor Rino Fischela, de la Academia de la Vida del Vaticano, ha manifestado fuertes discrepancias con Obama por cumplir con la promesa de permitir la financiación con recursos Federales, a las entidades que manejan planes de regulación de la natalidad y el aborto.

No entendemos porqué la Iglesia Católica interfiere de esa manera en las decisiones autónomas de un Estado, especialmente en un país que no tiene mayorías católicas y que desde hace muchos años ha legalizado el aborto en la mayoría de sus estados.

Más que tomar partido a favor o en contra en uno de los temas más delicados y polémicos que hay en la sociedad, lo que defendemos es la necesidad de independizar las decisiones políticas de las posiciones morales o religiosas. Sobre estos temas, la Iglesia Católica debería aplicar el criterio bíblico que a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César'.

Colombia, con la Constitución Política de 1991, logró establecer una cierta independencia entre el estado civil y el religioso. Sin embargo, la interferencia en el libre análisis del tema aborto es notoria y muchas veces apoyada por el mismo Gobierno, que debería cumplir con la Ley.

Considero que este tema, que con mucha fuerza se debatió en el año 2006 cuando se despenalizó para casos especiales, deberá profundizarse porque una sociedad en la cual no se permita debatir, es una democracia incompleta.

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