sábado 21 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Odio las máquinas

prefiero el pasado cuando uno llamaba al teléfono y le contestaba “alguien”, no una máquina, prefiero que me contesten cuando llamo...
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¿ En qué momento olvidamos la importancia de la conversación y preferimos escribir con monosílabas a toda la gente a la vez, mezclando pareceres y opiniones que muchas veces producen confusión? O lo que es peor: ¿en qué momento permitimos que las empresas de servicios no se pudieran comunicar con sus clientes sino a través de máquinas?

Nadie puede desconocer la importancia de las nuevas tecnologías y la velocidad a que estas nos han ido atropellando. Ni hablar de lo que ha significado para quienes cruzamos la tercera edad, el obligatorio aprendizaje de tantas cosas nuevas.

Pero lo peor de todo ha sido la despersonalización total de la comunicación, el manejo atrevido y exagerado de las máquinas que no permiten interactuar con un ser humano: el abuso de los “call center” cuando se trata de pedir alguna información o ayuda; la máquina empieza más o menos así: “Su llamada es muy importante para nosotros y como valoramos su tiempo, nuestro menú ha cambiado: para comprar servicios de (lista interminable)... marca uno, si deseas un servicio técnico (mil posibilidades)... marca dos ... si eres cliente nuestro marca tu cédula, para confirmar este número marca uno, si no lo es, marca dos y repite tu cédula, si no eres cliente nuestro, marca dos, si lo eres, marca uno, si quieres oír de nuevo este mensaje marca ocho”.

En ese momento ya han pasado por lo menos 10 minutos y usted no ha podido “hablar” con un ser humano para pedir un servicio técnico; eso es imposible porque la máquina promete que en 24 horas se soluciona el problema (¿?) lo cual nunca se cumple. Y lo peor de todo: al final tienen el descaro de pedir que se califique la atención. ¿De quién? ¿De la máquina?

Qué horror, prefiero el pasado cuando uno llamaba al teléfono y le contestaba “alguien”, no una máquina, prefiero que me contesten cuando llamo, me gusta conversar con mis hijos, nietos, familia, amigos, oir su voz, detesto que me responda una máquina.

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