sábado 04 de abril de 2009 - 10:00 AM

Primero la gente

Bajo ese título Amartya Sen –Premio Nóbel de Economía 1998-, en un trabajo conjunto con Bernardo Kliksberg, plantea –entre otros temas- interesantes consideraciones en torno al propósito de la democracia,

precisando que el valor esencial en ese modelo de organización política no es la utilización de procedimientos electorales para darle expresión a la voluntad de las mayorías, sino la creación de escenarios propicios para ejercer 'razonamiento público', y este ejercicio implica oportunidades para discernir sobre temas de interés comunitario, para participar en el debate colectivo en asuntos que pueden afectar su cotidianidad.

En consecuencia, sin soslayar la importancia del certamen electoral, la democracia es mucho más que eso. No hay que olvidar cómo numerosos regímenes totalitarios se han disfrazado con el ropaje electoral para simular comportamientos democráticos que solo existen en el mundo virtual, porque los resultados están direccionados por estructuras electorales que se confunden con la organización del Estado.

La incorporación real de esa variable participativa que le imprime frescura y vigencia a la democracia, supone el concierto de una serie de requerimientos sociales: adecuado nivel de información, posibilidad de acceder al conocimiento de las diversas propuestas que se formulen en el debate público, oportunidad de intervención y disposición de ánimo para ceder o flexibilizar las posiciones individuales, en aras de los valores superiores que interesan al colectivo.

En suma, el ejercicio genuino de la democracia impone un aprendizaje riguroso, inmerso en una cultura de lo público. La gran virtud de la polis griega y su elevado nivel de vitalidad democrática residió en la preparación del ciudadano para el manejo universal de los asuntos públicos, que se ventilaban en controversias abiertas fundadas en el conocimiento. La polis languideció cuando los ciudadanos perdieron la perspectiva global y se tornaron en especialistas en algunos de los diferentes quehaceres de la vida social.

Por ello, la participación en la reflexión colectiva no es una opción ciudadana, sino un imperativo social, porque a todos concierne la suerte de nuestra ciudad, de nuestra región, de nuestro país, si es que de verdad queremos que en el devenir democrático que nos atañe el objetivo prioritario sea siempre la gente. 

 

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