sábado 30 de enero de 2010 - 10:00 AM

Renovación

La postración a que ha llegado la política en el país, lamentablemente con ejemplos vergonzosos en Santander, nos debe llevar a reflexionar sobre lo que significa esa maravillosa conquista democrática del voto y la responsabilidad de su buen uso. De ninguna manera, la circunstancia mencionada puede alejarnos de las urnas con la idea de que ya no hay nada qué hacer. Quienes así piensan no desperdician oportunidad para lamentarse de la corrupción que nos agobia, para sentar cátedra en toda reunión social sobre lo que debería ser nuestra clase política, para horrorizarse con los escándalos que a diario vemos en nuestro Congreso. Estos  son los eternos abstencionistas que 'odian la política'.

Otros consideran que no nos debemos escandalizar con los delitos de ciertos  políticos, pues lo importante es que hagan obras aunque roben. Estas personas no solamente los apoyan  sino que votan por ellos a sabiendas de sus fechorías. Así, por culpa de esas conductas, es que estamos como estamos y sólo un cambio de actitud evitaría que nuestro país siga de mal en peor.

Según el diccionario de la lengua española, renovar es, entre otras definiciones: 'transformar, modificar, restaurar, dar nueva energía a algo'.

En nuestro medio hemos visto con sorpresa que lo que se anuncia como renovación en el Congreso es el remplazo de aquellos políticos comprometidos en delitos, investigados o detenidos, por sus familiares más cercanos, quienes, por supuesto, adelantan sus campañas orientados y financiados por aquellos, con la esperanza de que sus electores serán los mismos.

La renovación tampoco deber ser la presencia de reinas de belleza, deportistas reconocidos o artistas de farándula.  Con gran respeto hacia ellos y anticipando que en su  mayoría son mejores personas que los congresistas que nos han avergonzado, pienso que para llegar al Congreso se requiere algo más que ser buena gente. Se necesita una sólida formación académica, tener claros conceptos de lo que es la democracia, los derechos humanos, conocer a fondo el país y, por supuesto, contar con principios éticos y morales a toda prueba. La renovación real del Congreso debería asegurarse eligiendo a personas  intachables, con conciencia de lo que significa esa  representación y con un claro compromiso de servirle al país y a la democracia y no servirse de éstos en beneficio personal o familiar.

La proximidad de las elecciones nos obliga a motivar a todos a superar la apatía, a analizar las propuestas y los candidatos, y a votar por aquellos que reivindiquen el nombre de Santander en el Congreso.

 

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