sábado 18 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Sí a la sensatez

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¡Y no a la violencia! No mucho después del descubrimiento de América le llegaron a nuestros aborígenes los conquistadores españoles y tal vez no fue otro el origen de la violencia que tantas veces ha imperado en Colombia. Ese infortunio tuvo una pausa de dieciséis años cuando se inició el Frente Nacional a partir de 1958, pausa que se prolongó, sin más pactos políticos, dos cuatrienios más.

Sin embargo durante el citado lapso “adicional” (1974-1982), empezó a extenderse sin límites el oscuro manto del narcotráfico y creció inmensamente la politiquería, factores que produjeron el surgimiento del máximo líder juvenil que hemos tenido, Luis Carlos Galán, cuyo vil asesinato preludió el ya invivible clima de violencia que conocemos. Luego se efectuó la Asamblea Constituyente de 1991, que generó una gran esperanza, pronto esfumada.

Así hemos venido, hasta llegar a que parte de nuestros habitantes recurren a más violencia, pues no hallan otra forma para subsistir (robar y/o asesinar), o peor, por creer que esa forma de vida es normal. Tal estado de cosas también explica, por lo menos en parte, la rampante corrupción que sigue creciendo y, que según algunos, no solo se explica sino también se justifica. ¿Qué hacer? Muchos ciudadanos piden: Más policías, más jueces, más cárceles. Fórmula populista, que muestra resultados en solo un período de gobierno, por lo que la adoptan los gobernantes.

En cambio se desecha la real solución, que no es otra que educación gratuita para todos los bachilleres, luego de formar los niños en valores y principios. Lo mismo ocurre con la matrícula cero para ingresar a la universidad, así sin más: populismo. ¿Cuándo les informarán a los bachilleres sobre las profesiones que el país más está necesitando? ¿Cuándo importará que luego de su grado, varios universitarios salgan a manejar un taxi? Sensatez: Tiene que corregirse sustancialmente todo lo comentado en estas líneas antes de que, como ha sucedido en algunos aspectos, se nos informe que el país colapsó.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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