miércoles 03 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Urgencia manifiesta

Si los colombianos no trabajamos arduamente por formarnos como personas antes que como hombres y mujeres para el poder y los negocios, estaremos acabados como sociedad en un santiamén.

¿Por qué nos cuesta tanto entender esto a pesar de la ignominia en que vivimos? Analizábamos en el aula con mis estudiantes, la intensidad y la frecuencia con que la cultura nos hace ofertas 'non santas', que consumimos sin reflexionar.

¿Por qué como idiotas útiles tragamos entero todo lo que los medios, los amigos o las costumbres nos venden como moderno, in o de moda? Nos cuestionábamos: ¿Por qué hay bares alrededor de las universidades, pirámides, prostitución infantil, falsos positivos, grupos de la muerte y corrupción, entre otras enfermedades sociales? Pues porque hay, estudiantes que beben, amantes del dinero fácil, enfermos que compran cuerpos de menores, asesinos e individuos que al ostentar cualquier tipo de poder -léase armas, dinero, posición- se corrompen ante él porque carecen de una formación en valores morales. Si no hay personas con valores, dispuestas a construir con ahínco la sociedad que necesitamos, siempre aparecerá algún remedo de humano dispuesto a convencernos de una nueva forma de burlar nuestra esencia.

Primero lo primero aunque a algunos no les parezca importante e incluso les suene cursi:
¿Cuál competitividad, desarrollo, progreso o negocio es más importante que la buena vida y el respeto de los unos por los otros? ¿De qué nos sirve ser profesionales, tener dinero y ocupar posiciones de poder si no tenemos escrúpulos morales y avasallamos al otro en el camino? La prioridad de los seres humanos es aprender a ser, es decir, aprender a pensar, obrar, amar y convivir. Después, sí, aprender a hacer o a trabajar. Hay que construir calidad de vida pero antes, calidad personal.

Estamos dotados de inteligencia pero también de pasiones, sentimientos y anhelos que deben forjarse  para aprender a vivir. Las personas nos podemos modelar como una obra de arte, con amor y respeto por nosotros mismos y por los demás, y en ello, los colombianos nos jugamos el futuro y la viabilidad de este país que tanto decimos amar…y en donde disque somos tan felices.

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