miércoles 09 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Unasur

La joven unión de países suramericanos no parece en sus dos años de existencia avanzar hacia una unidad de países del área. Alentada por un antiyanquismo rabioso que más parece trasnochado rescoldo de la Guerra Fría, sus congresos fácilmente pierden el norte solidario y se sumen en discusiones no pocas veces caracterizadas por intemperancia, desconsideración hacia alguno de sus miembros y actitudes unilaterales disolventes. Colombia personifica en la coyuntura actual al país estigmatizado por yanquista, con sin razones argumentales que mejor podrían aplicarse a Venezuela.

Víctima de una subversión armada y sostenida por el narcotráfico, jamás ha contado con la presencia solidaria de los demás países del área. Sus vecinos geográficos, deberían ser los más interesados en extenderle una cooperación franca y abierta para neutralizar los perjuicios que sufren por efectos concomitantes en su propia existencia.

Por el contrario, su actitud hacia las agrupaciones terroristas ha oscilado entre la indiferencia, el apoyo encubierto o la abierta simpatía como en el caso venezolano, en el que representantes de su gobierno y el propio Presidente de la nación expresan la proximidad ideológica con los movimientos insurgentes universalmente calificados como terroristas, amparan sus miembros, se fotografían con ellos en actos públicos o expresan su dolor cuando algún cabecilla parece en combate, o desde un campamento instalado en territorio selvático de su país recibe visitas de altos funcionarios del Estado en demostración de tolerancia.

Así, mientras un acuerdo bilateral para la utilización de bases Colombianas por elementos aéreos norteamericanos en la lucha contra el narcotráfico, suscita reacciones desfavorables en países miembros que se declaran virtualmente amenazados hasta el punto de convertir en motivo de una reunión extraordinario del Congreso de Unasur, nadie dice una palabra frente a la presencia militar rusa en Venezuela y el desmesurado programa armamentista de esa sensación, que rompe el equilibrio militar de toda el área.

Aquí, la dialéctica desaforada contra las intenciones agresivas del imperio lo justifica todo. Allá, estos mismos argumentos, desmesurados e incoherentes, descalifican el acuerdo bilateral encaminado a intensificar un programa en curso contra el flagelo universal del narcotráfico. ¿Dónde está la imparcialidad objetiva de Unasur y el necesario equilibrio ante situaciones equivalentes?

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