Publicado por: Gonzalo Gallo
Una frase del Corán dice que “las riquezas oxidan el corazón”, aunque no siempre es así.
Hay ricos en dinero que también son ricos en amor y generosidad, pero suelen ser la excepción.
Un rico sabe que detrás de un ataúd jamás van un carro de valores y otro de trasteos, pero de saber a sentir hay un abismo.
Se necesita un golpe fuerte, una enfermedad grave o una muerte, para despertar y compartir.
En este sentido recuerdo que la Madre Teresa le dijo estas palabras a un rico que quería ir a Calcuta a ayudar:
“Usted puede encontrar a Calcuta en cualquier parte del mundo, si tiene ojos para ver.
En cualquier lugar al que vaya encontrará gente no amada, abandonada e indeseada.
Quizás en su propio hogar no piden pan, sino amor; no demandan techo, sino afecto; no sufren hambre, sufren soledad y desprecio”.
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Dicen los sabios que en la vida no hay fracasos, hay aprendizajes en el camino al éxito.
Por eso elige ver el fracaso como un éxito en preparación y destierra el desaliento y los miedos.
De hecho, si miramos la vida de los inventores, ellos no lograron todo lo que se propusieron.
Edison fue a la bancarrota en el frustrado proyecto de popularizar una casa de puro concreto.
Hasta las camas y las mesas eran de ese material, pero los altos costos y la poca aceptación acabaron con el sueño.
También le fue muy mal con una muñeca parlante, que no se vendió bien por diferentes fallas.
Pero uno de sus más sonados “fracasos” fue un aparato para comunicarse con los muertos a través de la energía.
En ese proyecto perdió dinero y tiempo, pero las derrotas no frenaron su pasión y dejó muchos inventos valiosos.












