miércoles 24 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Oasis

Es bien curiosa esta historia de Miguel Ángel cuando pintaba el Juicio Final en la Capilla Sixtina.

Se cuenta que un Monseñor cercano al Papa comentó desfavorablemente la obra del artista.
Miguel Ángel se enteró y lo pintó en el infierno con una serpiente enrollada al cuerpo.
El tal Monseñor, llamado Blas de Cesena, pidió al Pontífice que hiciera borrar esa escena y éste le preguntó:
¿Dónde te puso? En el infierno, dijo, y el Papa anotó: no puedo ayudarte; tú sabes que del infierno nadie sale.
Sea verdad o leyenda, la figura se ve en la pintura y quizás está allí como un recordatorio para aquellos que sólo saben criticar.
Personas ricas en resabios y pobres en alegría, cerradas a la admiración y abiertas a la maledicencia.
Ojalá descubran las ganancias del elogio y gasten sus energías en construir, no en destruir.
****
Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano se había recuperado tiempo atrás.
El médico le dijo al muchacho: 'sólo una transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana.
¿Estás dispuesto a dársela? Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por unos instantes y finalmente dijo: bueno, doctor'.
Una hora después de realizada la transfusión el muchacho preguntó indeciso: '¿doctor, cuándo voy a morir?'.
Sólo entonces comprendió el médico el momentáneo pavor que había detectado en los ojos del muchacho.
Y sintió una emoción muy intensa al ver que ese adolescente creía que al dar su sangre también daba la vida por su hermana.
¿Es ese el amor que decimos tener? Ojalá que sí, un amor sin límites e incondicional.
Un amor total que todo lo da y no espera nada a cambio porque 'la medida del amor es amar sin medida' San Agustín.

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