Publicado por: Gustavo Galvis Arenas
En el Perú existe una norma que me parece sabia. Los expresidentes son senadores vitalicios por derecho propio. En ese escenario, ellos pueden participar en todos los debates y hacer todas las críticas que quieran a los gobiernos. No tienen que andar buscando espacios en otros lugares para opinar sobre los problemas del país y aún para oponerse al gobierno de turno. De todas maneras los expresidentes tienen muchas cosas qué decir y opinar, pero en el recinto de la democracia resulta mucho más coherente y también más eficaz. Además, actualmente existen programas televisivos que informan periódicamente de todo lo que ocurre en el Senado.
En nuestro país ha habido expresidentes de gran poder y gran prestigio que han colaborado con sus sucesores. El ejemplo más notable es el del expresidente Olaya Herrera, quien terminó su período con un extraordinario prestigio, no equivalente a ningún otro de los jefes de gobierno. Colaboró con su sucesor sin ninguna preocupación. Era el candidato más seguro para volver a la presidencia; su popularidad permaneció inalterable. Infortunadamente falleció antes de lograr su empeño. Por eso creemos que la Constitución del 86 tenía también una institución sabia, se permitía la reelección pero después de un periodo intermedio. Es así como Alfonso López Pumarejo fue reelegido.
En esa época existía un criterio de dignidad en los presidentes, que no les permitía armar su propia reelección. Hoy que las dictaduras militares han sido radicadas, surgen caudillos que quieren perpetuarse en el poder utilizando los mecanismos de la democracia. Es algo parecido al fraude constitucional. El problema de las reelecciones es que aplicarlas a un buen mandatario es sano, pero cuando el jefe de estado tiene fallas en su administración, sus nuevos mandatos se convierten en un verdadero desastre para sus países. Lo vemos en Putin en Rusia, en el señor Chávez en Venezuela, en Francia Sarkozy y en casi todos los presidentes latinoamericanos.
En nuestro país tenemos un problema de reelección no permitida del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Nos parece que su actuación insular con críticas ácidas al presidente Santos, en lugar de servir de acicate al mandatario actual o mejor en colaboración, se convierten en una talanquera a su gobierno. Indudablemente, el actual mandatario comete errores, pero no es el expresidente de su mismo partido con una bancada mayoritaria en el Congreso quien debe situarse como opositor beligerante. Bastantes problemas tiene Santos para tener que cuidar su flanco derecho, es decir, el expresidente Uribe Vélez.









