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Gustavo Galvis Arenas
Viernes 01 de marzo de 2013 - 12:00 AM

La palabra empeñada

Publicado por: Gustavo Galvis Arenas

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Sobre la identidad regional y la santandereanidad se ha escrito mucho. Así como la nación es el conjunto de tradiciones y aspiraciones comunes a un pueblo,  la identidad regional participa de estas calidades. Nosotros hablamos con gran entusiasmo de la revolución de los Comuneros  como parte de nuestra tradición; recordamos cómo la provincia del Socorro era la más calificada en la Colonia para la artesanía y la industria del tabaco. Fue  la región más progresista de la época.

Los comuneros fue el epílogo de esta situación porque querían rebaja de impuestos y permisos para cultivar en todas partes. Dimos nuestra cota de sacrificio con los comuneros ajusticiados por el gobierno español. Luego la Independencia del Socorro ocurrió antes que la de Santa fe de Bogotá y la primera Constitución fue elaborada por los socorranos. Uno de los líderes de estos hechos fue Tadeo Gómez, primo hermano de José Acevedo y Gómez, llamado el tribuno del pueblo por la participación en los hechos del 20 de julio en Santa fe de Bogotá. Durante la Independencia tuvimos grandes héroes como Custodio García Rovira, Francisco de Paula Santander y Antonia Santos Plata. Este criterio sobre nuestra identidad santandereana nos enorgullece y  llena de entusiasmo.

Pero hay valores y principios que eran también el fortín de estas comarcas. El cumplimiento de los negocios era algo sagrado. Así como para los antioqueños lo importante es el rebusque y la ganancia en los negocios, para los viejos santandereanos el cumplimiento era algo que nunca fallaba. De esto se hablaba en las tertulias, se enseñaba en los colegios y era una tradición de padres a hijos. Los viejos hacendados y los comerciantes tenían como valor fundamental el cumplimiento en los negocios.

Pero había algo que recorría la mente y el corazón de los santandereanos con gran entusiasmo y valor. Era el cumplimiento de la palabra empeñada. Realmente este fue el principio fundamental de la identidad santandereana. Nos hacía diferentes a las demás regiones. Era algo que llevábamos en el alma. Infortunadamente hoy existen otros valores como el enriquecimiento ilícito, el ganar los negocios a como dé lugar y esto nos ha convertido en una sociedad sin principios. Sin ninguna clase de rubor los negociantes incumplen la palabra y para excusarse solamente esbozan una sonrisa de cinismo.

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