Publicado por: Gustavo Galvis Arenas
Ya comienzan los líderes, los movimientos y los partidos políticos a organizar sus huestes para las próximas elecciones. Varios problemas aparecen en estos prolegómenos de la campaña electoral. Uno de ellos, el más grave, es el déficit de legitimidad que tiene el Congreso. Un porcentaje muy elevado de congresistas se encuentran vinculados a procesos penales y otros han perdido la investidura por conductas reprochables. Esto es muy grave, porque la rama legislativa es tal vez la más importante en la democracia. Es la representación popular.
Pero también nos encontramos frente a unos partidos políticos sin ideología, sin coherencia programática y con organizaciones muy deleznables. Vemos cómo sin ruborizarse, los políticos se trasladan de un partido a otro, participan en elecciones y luego, regresan a sus antiguas toldas. Y lo grave es que son ideologías totalmente contradictorias como movimientos de derecha y partidos de izquierda.
En conclusión, no les interesa la ideología y la organización partidista no tiene ninguna consistencia. No estoy en desacuerdo con que haya varios partidos, pero la proliferación de movimientos sin ideología deriva en un verdadero caos político. Los pequeños movimientos no tienen ideología y las formaciones políticas grandes cuentan con teorías que solamente las aplican en momentos de crisis. En definitiva, el aspecto ideológico paso a un tercer plano.
Es una de las razones por las cuales en la asamblea nacional constituyente de 1991, algunos constituyentes trataron de traer mecanismos del sistema parlamentario, con el fin de modernizar la política. Esto fue imposible por la ausencia de partidos fuertes y serios. Es así como el control político no ha funcionado y la moción de censura es solo una ilusión.
Y de contera vemos al ex presidente Álvaro Uribe y al exvicepresidente Santos como dos solitarios atacando al gobierno, sin tener en cuenta al Partido de la U, ni muchos menos a Cambio Radical. Y entonces el señor Uribe resuelve hablar de un movimiento de centro democrático, cuando todas las características son de una estrategia derechista.
El partido liberal, de centro izquierda y reformista, permanece en la sombra sin voluntad de poder. Sería el momento para que la vieja colectividad de Santos y López saliera a presentar sus teorías modernizadas, como una verdadera alternativa de poder. Pero es preciso empezar a formar candidatos idóneos y erradicar de la colectividad las malas costumbres adquiridas en los últimos años.










