viernes 03 de agosto de 2012 - 12:00 AM

Antonia Santos Plata

El próximo 7 de agosto se conmemora un año más de la Batalla de Boyacá, epílogo de la guerra de Independencia. Allí se llenaron de gloria Soublette, Anzoátegui, Bolívar y Santander. Y las tropas, con algunos soldados venidos de los llanos, otros que se sumaron en Boyacá y los valerosos socorranos todavía dolidos por el fusilamiento de Antonia Santos. Un hermano de la heroína, Fernando, enalteció su raza en los campos boyacenses. Antonia Santos había fallecido frente al pelotón de fusilamiento el 28 de julio de 1819. Ese día empezó el camino de prócer de la ilustre dama pinchotana.

Antonia Santos Plata, hija de don Pedro Plata, distinguido personaje del Socorro, Pinchote y Coromoro, fue educada conforme a las costumbres de la época. Con recogimiento, con dignidad y  con la austeridad de la gente de esos tiempos. Recibió una educación muy a la antigua, pero atendiendo a las historias de su padre sobre la Revolución de los Comuneros. Don Pedro fue capitán de las huestes del común. Cuando empieza la guerra de Independencia, doña Antonia se sumó a los partidarios de una América independiente. Junto a sus hermanos organizó una guerrilla en Coromoro, lugar donde tenía la hacienda El Hatillo. De su propio peculio financiaba el trabajo de los insurrectos.

Estas razones nos llevan a pensar que la verdadera heroína de la Independencia fue Antonia Santos. Sin desconocer las otras mujeres que dieron la vida por la patria, la célebre santandereana concitaba voluntades, financiaba tropas y se colocaba como una dirigente frente al conflicto América-España. Un sino fatal la llevó a la muerte, pero la acercó a la gloria. Un pariente suyo la denunció cuando en su hacienda preparaba acciones contra el gobierno despótico. Ya el Ejército español estaba en desbandada, porque en la Batalla del Pantano de Vargas fue derrotado ampliamente. Fue capturada por guardias del gobierno español, que la llevaron por cincelada hacia el Socorro. Allí después de una sentencia rápida fue condenada a muerte.

Dicen las crónicas que Doña Antonia marchó enhiesta hacia sus verdugos y que le regaló unas joyas a uno de los guardias para que le atara la falda e impedir que su cuerpo fuera visto por los curiosos. Caminó con valor y dignidad. Por esto nos parece de trascendencia histórica el acto que realizó el presidente Juan Manuel Santos en el Socorro, en conmemoración del fusilamiento de la gran heroína santandereana.

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