viernes 20 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Gustavo Galvis Arenas

Consideraciones historicas y filosóficas sobre Israel y Palestina

Se han derramado litros de tinta- y, lastimosamente, también de sangre- sobre el conflicto entre israelíes y palestinos. Sin embargo, la controversia entre Musulmanes y Judios no se reserva a la historia reciente del establecimiento del Estado de Israel, sino a miles de años de tradición que ha narrado el origen y la convivencia de judios, musulmanes y cristianos en el medio oriente. El Antiguo Testamento y el Corán coinciden en que Cristianos, Judios y Musulmanes descienden del patriarca Abraham “padre de todos los creyentes”. Las tres tradiciones también coinciden en que Abraham y su esposa Sara, por un milagro tuvieron un hijo, Isaac y que Abraham también tuvo un hijo con su esclava, llamado Ismael. Así, de Isaac descienden los Judios, y de Ismael descienden los musulmanes. De acuerdo con la biblia, Dios exigió que Abraham sacrificara a su hijo primogénito, Isaac, y por ello son los Judios y sus descendientes los “hijos de la promesa”. No obstante, la tradición Musulmana afirma que fue Ismael y no Isaac el hijo primogénito de Abraham que fue llevado a sacrificio.

Las divergencias no sólo son de historia religiosa, si no también tienen un componente filosófico. En el siglo XIX con el auge nacionalista, surge entre los Judios el movimiento Sionista. Este es un movimiento político que sostiene que los judios no son un grupo únicamente religioso sino un grupo nacional con derecho a Estado y territorio propio. Además, por su persecución y exclusión histórica, los Judios requieren vivir en un territorio donde sean mayoría. Aunque se tuvieron muchas tierras en consideración, Palestina siempre perseveró por sus ataduras históricas y religiosas al pueblo Judio, en especial por ser lo que el Torah llama su tierra prometida. Así, desde el siglo XIX empezaron una serie de migraciones Judías a Palestina que en el momento era parte del Imperio Otomano y más tarde un protectorado Inglés. Con estas migraciones empieza una serie de ofensas por ambas partes: los Judios formando asentamientos a la fuerza y los palestinos expulsando a los que llaman colonizadores. Después de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas declaran el Estado de Israel y trazan un pacto territorial que divide la zona entre los palestinos y los israelíes. Sin embargo, con esto se agudiza el conflicto e inicia una guerra por territorios a la que se unen los Estados Árabes vecinos como Siria, Jordania y Egipto.

Como toda guerra, en esta no ha habido ni habrá ganadores. Empezamos el 2023 con la esperanza de que la guerra entre Ucrania y Rusia llegara a su fin, y ahora nos acercamos al 2024 con otra guerra sobre nuestras espaldas. No es una guerra nueva, es un conflicto histórico que se remonta siglos atrás. Solo queda esperar que las afectaciones civiles sean mínimas, y que en un futuro cercano se llegue a la paz entre pueblos hermanos, los pueblos de los hijos de Abraham.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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