viernes 11 de junio de 2021 - 12:00 AM

El equilibrio democrático

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La democracia directa en teoría es la mejor forma de comunicación del pueblo con sus gobernantes. Pero en la práctica tiene serios inconvenientes. Los griegos, después de la caída de la monarquía establecieron un sistema de participación del pueblo en el ágora. Parecía una democracia directa, pero la demos elegía a los arcontes, quienes de todas maneras desempeñaban las funciones gubernamentales.

Además, existía el consejo de los quinientos, una especie de procuraduría colectiva. Siglos después surgió la democracia liberal iniciada en Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Se trataba de elegir unos representantes para que legislaran y le dieran un rumbo democrático al país. Y los gobernantes, escogidos por el pueblo también eran los administradores de la cosa pública. En varias oportunidades se intentó volver a la democracia directa sin resultados.

El actual presidente de Francia, Macrón, resolvió acercarse al pueblo y dialogar con sus electores. Uno de los participantes se le acercó sibilinamente y le propinó una fuerte cachetada. El señor Presidente creía que así podía entenderse mejor con sus gobernados. La democracia representativa es el mejor sistema que hasta ahora se ha inventado. Como complemento de ella están el plebiscito y el referendo. Es la manera que tiene la democracia para que el pueblo manifieste sus inquietudes. Ahora, en nuestro país según la Constitución del 91 se ha probado la protesta. Es la forma como el pueblo puede quejarse dentro de la ley, por las fallas que considere cometidas por el Gobierno. Pero subsiste con toda la fortaleza la Contraloría, Procuraduría y el Congreso. Todos estos organismos tienen su desarrollo democrático con la participación de los partidos políticos.

Curiosamente es Colombia tal vez el único país del mundo democrático donde amplios sectores de la población consideran obsoletos los partidos. Y todo empezó con la proliferación sin ideología política de colectividades. Luego se fueron desmoronando y en estos momentos la vida política es precaria. Los partidos como canal de opinión que busca llegar al poder es la mejor forma de participación en la democracia liberal. Cuando los canales de opinión son débiles los grupos extremistas empiezan a calar en las multitudes. Para que se logre un equilibrio social económico y político son necesarios partidos que encuentren el justo medio. En los actuales momentos sería importante que partidos como el liberal volvieran a definir el futuro del país. Un movimiento de centro izquierda es el adecuado y el partido liberal ya tomó ese rumbo. No solamente es importante esta apreciación porque el liberalismo haya organizado parte de la historia de este país, sino porque necesitamos equilibrio y sindéresis.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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