viernes 29 de enero de 2010 - 10:00 AM

El principio y el fin de una propuesta

Cuando en la década del 60 había diversas manifestaciones de rebeldía, unos jóvenes se metían de lleno en los meandros del existencialismo y otros apuntaban al marxismo en sus diversas manifestaciones temáticas. Los ideólogos de la izquierda eran unos excelentes puritanos, criticaban la corrupción gubernamental, atacaban con severidad la drogadicción,  a los traficantes y tenían una moral muy recia que llamaban revolucionaria. Empezaban el ELN y las Farc con un andamiaje doctrinario que fácilmente competía con el fundamentalismo cristiano. Así empezó todo, pero ellos nunca otearon que muchos años después esas organizaciones revolucionarias se alimentarían de la droga.

El señor Isidro Carreño, funcionario del gobierno en San Juan Bosco de la Verde hace muchos años, organizó un sistema de protección a los campesinos que evitara las avanzadas de los alzados en armas. Ese hombre delgado y pequeño nunca pensó que años después esa precaria organización campesina terminara al lado de traficantes y se convirtiera en uno de los aparatos de delincuencia más grandes del mundo. Hoy todas las organizaciones de seguridad luchan contra la llamada parapolítica y contra las organizaciones revolucionarias. Estos controles severos tienen un comienzo, pero nunca se sabe cuánto duran y cuál ha de ser su final. Muchas veces el remedio resulta peor que la enfermedad. Es por eso que seguramente con buena voluntad, la idea del gobierno actual de organizar unos informantes entre la juventud es un sistema que requiere de mucha reflexión. De entrada, podemos decir que es muy peligroso. Poner a los jóvenes estudiantes a enfrentarse a las mafias organizadas, es meterlos en el conflicto. Es vincularlos a algo de lo cual ya forman parte, así sea tangencialmente. Es llevar a la juventud a un moderno paramilitarismo, con todas sus secuelas de horror y de fundamentalismo.

Es preciso entonces que el mismo Gobierno, la Procuraduría, el Defensor del Pueblo y el Congreso tomen partido y hagan un exhaustivo análisis de esta propuesta, porque no podemos añadir a los males que aquejan a la República uno más. Esos informantes pueden volverse peligrosos y los delincuentes también pueden apuntar contra ellos convirtiéndolos en verdaderos chivos expiatorios.

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