viernes 13 de marzo de 2020 - 12:00 AM

La democracia y el mal gusto

debemos pensar en que Bucaramanga no puede irse por los atajos de la suciedad y el desorden. Y de contera es preciso ordenar nuestros parques para que no sean receptáculo de vicio y vulgaridad.
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Bucaramanga, la ciudad de los parques o la bonita como la llaman actualmente, es una de las ciudades más bellas de Colombia. Pero no solamente su aspecto estético sino también el buen vivir. Infortunadamente uno de los aspectos interesantes de la ciudad, como era la industria, está en decadencia. Pero el espíritu santandereano ha hecho que grupos de empresarios empiecen a asociarse con el fin de darle un vuelco económico a la ciudad. La única proyección no debe ser el turismo sino rescatar la vieja tradición santandereana, cuando en el siglo XIX fuimos el eje cafetero.

Un aspecto muy importante es el de conservar la estética en la ciudad. Hoy tenemos unos lugares que riñen totalmente con el título de ciudad bonita. El ejemplo más claro es la peatonal de la calle 35. Cuando un grupo de bumangueses viajó a Caracas con el fin de buscar un modelo para las calles de Bucaramanga, nunca pensaron que esta idea fructificara negativamente en la principal vía de la capital. Definitivamente es un modelo al mal gusto. Los comerciantes sin ninguna organización, la suciedad de las calles es proverbial y se ha convertido en un lugar antiestético. Es preciso entender que la democracia no riñe con la belleza. Cuando el exalcalde Hernández decía que tuviéramos de ejemplo a Europa, sería bueno que copiáramos aspectos de la peatonal de Budapest, modelo de organización y estética.

Pero no nos vayamos a Europa, en el Socorro capital comunera, existe una peatonal dotada de gran estética y modernidad. En Chiquinquirá, la calle Julio Flores es de gran belleza. Es preciso reconocer que en Bucaramanga el mercado de San Pio si está muy bien establecido y organizado. Esperamos que el parque Santander, que parece estar proyectado hacia el comercio, tenga dimensiones de estética y modernidad. En consecuencia, debemos pensar en que Bucaramanga no puede irse por los atajos de la suciedad y el desorden. Y de contera es preciso ordenar nuestros parques para que no sean receptáculo de vicio y vulgaridad. No podemos permitir entonces que nuestra capital deje de ser la ciudad de los parques o la ciudad bonita.

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