viernes 26 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

La razón de mi voto

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Curiosamente nuestro país pasó de tener dos partidos tradicionales a una especie de “rebuchina” electoral. Un grupo de amigos se reúnen en una cafetería y fundan un partido. No concretan ideas políticas, ni muestran vocación de poder. Pero en medio de ese maremágnum sobrevive el Partido Liberal. Algunos politólogos sostienen que la proliferación de grupos políticos es conveniente para la democracia, mientras que otros consideran que la cantidad anárquica no da seguridad. Pero un análisis cuidadoso de los últimos resultados electorales nos lleva a pensar que a pesar del desorden el liberalismo conserva su fortaleza. En el Senado el liberalismo tiene una representación discreta igual que en la Cámara. Pero en las asambleas departamentales y los concejos municipales el Partido Liberal es mayoría. Esto quiere decir que este partido conserva su fervor popular y tiene arraigo regional. Tuve una gran satisfacción cuando un estudiante de Derecho me invitó a la universidad a dictar una conferencia sobre el partido liberal. Hablamos sobre las ejecutorias de Olaya Herrera, quien trató de sacar el país de una especie de edad media en que vivía. Una de las grandes sorpresas fue que permitió el ingreso de las mujeres a la universidad. Igualmente, las ejecutorias de López Pumarejo y en los últimos años los gobiernos de Gaviria y Samper. Uno de los aspectos más trascendentales de las ejecutorias liberales fue su participación en la Asamblea Nacional Constituyente que trajo consigo la modernización del Estado. Actualizamos las tesis implantadas en la República de Weimar en Alemania y establecimos una Constitución de los derechos humanos. Pero lo más interesante es recordar el primer programa liberal presentado por Ezequiel Rojas en el periódico El Aviso en 1848 con el titulo de “La razón de mi voto”. Veamos los aspectos más importantes de ese escrito: “República quiere el Partido Liberal, quiere sistema representativo real y verdadero y no apariencias como las que existen. Quiere que las libertades públicas y los atributos de la soberanía nacional se garanticen suficientemente. Quiere que los derechos individuales y sus garantías sean realidades y no engañosas promesas. Quiere que solo la voluntad de la ley sea la que disponga de la suerte de los hombres. Quiere que la ley sea la expresión de la voluntad del legislador y no la expresión de la voluntad del poder ejecutivo. Quiere que al conferir los destinos públicos solo se tenga en mira el buen servicio de la sociedad. Quiere que haya recta y pronta administración de justicia. Quiere que no se deje al poder ejecutivo la facultad dictatorial para remover los empleados. Quiere que la nación tenga crédito. Quiere que todos los granadinos sean ricos, en vano puede pretenderse que las rentas públicas se alimenten si no se aumentan las fuentes de donde nacen. Quiere que no se adopte la religión como medio para gobernar. Quiere que de preferencia se destine una parte considerable de las rentas públicas a facilitar las vías de comunicación. Quiere que se haga justicia imparcial a los granadinos” Como podemos ver, muchos de estos principios tienen vigencia.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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