viernes 03 de abril de 2020 - 12:00 AM

La venta del sofá

El pretexto fue que funcionarios de la empresa donaban cajas de aguardiente a algunos políticos. En lugar de sancionarlos lo esgrimieron como argumento para acabar con la empresa licorera de Santander
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En medio de la crisis por el coronavirus, nos queda tiempo para reflexionar sobre algunas cosas. Uno de los problemas es el de la falta de alcohol. Parece que es un elemento indispensable para combatir el virus. Pero resulta que escasea ese elemento. Vale la pena entonces, recordar una historia triste en nuestro querido departamento de Santander. La empresa licorera de Santander era una de las más poderosas del país. Teníamos aguardiente superior, alcohol, ginebra, vodka y el pichón que lo llamaban “trago señorero”. Éramos los mejores vendedores de estos productos en la costa atlántica y en Bogotá, pero por cuestiones económico- políticas resolvieron acabar la empresa.

Se trataba de permitir el ingreso de productos de otras licoreras del país y sin ningún criterio regional acabaron con la célebre licorera de Santander. El pretexto fue que funcionarios de la empresa donaban cajas de aguardiente a algunos políticos. En lugar de sancionarlos lo esgrimieron como argumento para acabar con la empresa que Eduardo Camacho Gamba llamaba “la caja menor del departamento”. Sucedió en esto lo mismo que con las empresas públicas de Bucaramanga y la banda del departamento. Es muy preocupante porque en estos días circula un rumor que trasladarán la refinería de Barrancabermeja a Puerto Berrío. Sería una catástrofe para el puerto sobre el Magdalena y un desastre para el departamento de Santander.

Si seguimos por este camino nuestro departamento se colocará a la zaga de las regiones colombianas. Y como corolario del problema del alcohol debemos recordar respecto a la licorera la anécdota de aquel marido que descubrió la infidelidad de su esposa y que sus encuentros se realizaban en un sofá. El hombre en lugar de sancionar a la culpable vendió el sofá. Y de contera, nuestro mundo político no protestó cuando en lugar de invertir dinero en la refinería de Barrancabermeja lo hicieron en Cartagena. Y allí se perdió la plata.

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