viernes 27 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Largo pétalo de mar

Es preocupante que en la Europa actual hay movimientos que pretenden llevar a sus países por los caminos de esa vieja derecha.
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Para sobrellevar el encierro semivoluntario originado por el coronavirus, estoy disfrutando casi de tiempo completo de la lectura. Tengo en mis manos la novela Largo pétalo de mar escrita por Isabel Allende. Es un bello relato sobre la guerra civil española y las aventuras de los exiliados. La llegada de los nacionalistas a Francia fue dolorosa, protegidos por el gobierno pero tratados con dureza. Indudablemente la soledad es mala consejera y se convierte en un espacio doloroso de la vida. Hoy en mi paradisiaca soledad vienen a mi mente recuerdos de la España Franquista.

En 1978 un grupo de bumangueses, especialmente abogados, viajamos a Europa con el fin de dejar de ser provincianos, como dice Isabel Allende. Observamos que España, recién muerto Franco, era el país más atrasado de Europa. Pero el gobierno de Franco, con su autoritarismo, el poderío de la iglesia católica, emocionó a la derecha mundial. Uno de los compañeros de viaje se arrodilló en el valle de los caídos, haciendo honor a la dictadura franquista. Recordé como muchos profesionales colombianos, emocionados con los herederos de Primo de Rivera, quisieron irse a ese país con el fin de desarrollar su vida profesional. Y curiosamente otros quisieron implantar en esta bella Colombia un régimen similar al del caudillo derechista. Se dice por ejemplo, que en nuestro país se alcanzó a elaborar una constitución con todas las normas del generalísimo español.

Diez años después de mi viaje por Europa volví a España y la encontré totalmente transformada. Había llegado el siglo XX al país ibérico. Es preocupante que en la Europa actual hay movimientos que pretenden llevar a sus países por los caminos de esa vieja derecha. En Alemania, en España, en Italia y otros países hay voces que enaltecen a la antigua derecha. Indudablemente la pandemia y la cuarentena nos traen esos pensamientos. Ojalá nunca vuelva el mundo a padecer un exilio tan triste como el de los españoles, según relata en forma maravillosa Isabel Allende.

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