viernes 15 de enero de 2010 - 10:00 AM

Lo que produce la tierra

En todas las tertulias de la ciudad, el tema obligado es el de la política.  Se analizan los candidatos, hay criticas acidas, se plantean tesis de gran contenido ideológico y otras muy extravagantes, pero en general hay descontento hacia la llamada clase política.   Algunos sostienen que los políticos de antaño eran mucho mejores y otros por el contrario, creen que los sistemas actuales son más democráticos. De todas maneras existe un sentimiento de frustración. Pero como decía algún veterano político, los dirigentes de las colectividades surgen de la entraña popular. O mejor, es lo que da la tierra.

Es preciso que las colectividades realicen una reingeniería a la marejada partidista, con el fin de evitar el deslizamiento severo hacia el desdén por la política.  Esto traería consigo la apolítica, incubadora de las dictaduras.  Todo comenzó cuando el mismo pueblo santandereano calificó a los dirigentes con parábolas irracionales. Dijeron en su oportunidad que los oradores estaban mandados a recoger y que solamente podrían emerger los conferencistas.  Ni lo uno ni lo otro. También, ubicaron a los dirigentes de connotación nacional como arrogantes y oligarcas.  Es así como desecharon a Carlos Augusto Noriega, por medio de una silbatina en el Parque Santander desterraron a Augusto Espinosa Valderrama, derrotaron a José Manuel Arias Carrizosa para la constituyente y decidieron, que era mejor la medianía. Después vino el proceso 8.000 y algunos santandereanos se vieron enredados dolorosamente y ahora, en la parapolítica nos encontramos con un congreso que cada día pierde mayor legitimidad ética.  Y de contera, en los últimos tiempos sectores de la opinión han resuelto elegir a personajes de la farándula.  Es la mediocridad total.  Alfonso Lizarazo, por ejemplo, era un excelente presentador de televisión, se metió a la política, fue congresista y todavía no sabemos cuál fue su labor legislativa.  Y además, los hijos y las esposas de los políticos frustrados, algunos en la cárcel, pretenden engrosar la nómina del congreso.

Es la razón de la sin razón. Nos quejamos de la clase política, pero ayudamos a armarla. No quisieron los santandereanos a Espinosa Valderrama, excelente parlamentario, hombre honesto, perteneciente a una familia de agricultores de mediana fortuna y si destacan a personajes oscuros que hicieron el dinero colgados del Estado.  Es indispensable entonces, que los partidos destaquen dirigentes de todos los sectores sociales, pero con unos ingredientes importantes. Son fundamentales la honestidad, la capacidad, la cultura y la responsabilidad. No olvidemos que el congreso es el encargado, por medio de las leyes, de diseñar el futuro de la patria.

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