viernes 15 de enero de 2021 - 12:00 AM

Los falsos partidos

Hoy, llaman partidos a grupos de personas que se reúnen en un garaje, quienes lo hacen en un cafetín o aquellos que desde un escondite buscan un poder.
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Carmen Cecilia Pérez, politóloga santandereana, dirigió una investigación sobre los partidos políticos. Llegó a la conclusión que en Colombia los partidos se desmoronarían por la corrupción y la confusión ideológica. Muchos escritores consideraron que la ilustre investigadora exageraba. Pero al poco tiempo la política se complicó y los liderazgos arrinconaron a las viejas colectividades. Hoy, le hallamos la razón a la distinguida politóloga. La influencia de los seguidores de la política de Rojas Pinilla, el populismo, la izquierda confusa debilitaron, casi a la extinción a los viejos partidos.

La proliferación de los grupos políticos, parecidos a los partidos, fue notable. Ya la vieja definición de los partidos como un grupo de personas, con una ideología que buscan llegar al poder perdió vigencia. El estudio de Maurice Duverger sobre los partidos quedó en el aire porque aquí en Colombia las colectividades que buscan el poder son algo totalmente distinto. Hoy, llaman partidos a grupos de personas que se reúnen en un garaje, quienes lo hacen en un cafetín o aquellos que desde un escondite buscan un poder. La juventud con buen criterio, consideró que esta nueva modalidad acabaría con la corrupción y el desgobierno. Infortunadamente no ocurrió así. El origen de la elección de Rodolfo Hernández fue el de un grupo de personas dirigidas por un exmagistrado para combatir la corrupción. Pero la discusión del alcalde con un concejal demostró lo contrario.

El resultado de todo esto ha sido que los innumerables partidos actuales no lo son en realidad y los canales de opinión están terminando en populismo. Es el fenómeno político que Aristóteles, el célebre filósofo griego llamaba democracia sin ley. Como consecuencia de esto la política se ha desdibujado y el autoritarismo empieza a emerger peligrosamente, como resultado de esto vemos que el gobierno esta centralizando el poder en forma peligrosa, porque los controles han resultado ser de su resorte. La corrupción no es obra de los partidos políticos, sino de la tradición y del desorden social. Recordemos como en la independencia un político de apellido Zea se quedó con parte del préstamo inglés y llevó una vida galante en Inglaterra.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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