viernes 22 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Los partidos sin ley

el ingeniero Hernández actúa como si fuera el jefe de un partido. Es curioso, porque durante su gestión no recibió directrices de grupo alguno. Es parecido a lo que hacen los partidos cuando colaboran en la elección de un candidato...
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Colombia es un país sui generis. Muchos dirigentes están pregonando el fin de los partidos. Y con orgullo afirman no pertenecer a ninguna colectividad.

Definitivamente los tiempos cambian y no solamente por el coronavirus, porque esta idea surgió desde las elecciones pasadas. Sucede esto en nuestro país cuando los partidos políticos se están fortaleciendo en todo el mundo. Inclusive los de derecha, que habían registrado una notoria decadencia. Lo vemos en Brasil y Argentina. En Colombia aparece este fenómeno después de ser aprobado el estatuto de los partidos.

Me llegan a la mente estas ideas, después de la carta que envió Rodolfo Hernández al actual alcalde de la ciudad. Le recrimina al burgomaestre que no haya cumplido con las obras diseñadas durante su administración. Yo creo que el ingeniero Hernández actúa como si fuera el jefe de un partido. Es curioso, porque durante su gestión no recibió directrices de grupo alguno. Es parecido a lo que hacen los partidos políticos cuando colaboran en la elección de un candidato.

En los regímenes parlamentarios, el partido ganador da ideas al jefe de gobierno. Es más, en Inglaterra el Primer Ministro es el jefe del partido ganador. Los parlamentarios colaboran activamente en la administración.

No debemos esperar a que la gestión de los gobernantes esté direccionada por un conglomerado anárquico al cual se le da el nombre de pueblo. Entre los griegos, la Demos tenía sus dirigentes y había un sector de ideas democráticas y otro aristocrático. Era parecido a los partidos políticos. Considero que en lugar de estimular el fin de los partidos, o la proliferación de ellos, se deben fortalecer los que tengan una estructura fuerte e ideas políticas.

Los partidos surgidos en la triada no tienen organización coherente ni mucho menos ideas políticas. Es lo que llamaba Aristóteles partidos sin ley.

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