viernes 08 de julio de 2016 - 12:01 AM

No es Dinamarca, sino Cundinamarca

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La primera sorpresa del viajero al llegar a Copenhague, capital de la tierra del príncipe danés Hamlet, protagonista de la famosa obra de Shakespeare, es la organización del tránsito de la ciudad. Los peatones respetan el rojo del semáforo y el verde es una señal para que todos pasen sin que ningún carro se adelante. Lo mismo ocurre al contrario. Y las bicicletas tienen prioridad, quienes montan en estos vehículos tienen seguridad absoluta. Todo funciona en ese país con gran eficiencia y no hay fallas ni en los particulares y ni en el Estado. La seguridad es total. Pero no solamente esto, la educación es gratuita y les pagan a los alumnos por estudiar. Su fortaleza está en la seguridad, en la idoneidad, en el petróleo y en los instrumentos médicos.

Pero todos los países escandinavos se manejan así. Allí no existen problemas de tránsito, porque existe transporte masivo de gran calidad. En esos países hay tranvía, tren, autobús, trolley y barco. En Colombia acabamos con los ferrocarriles, porque se dijo que era un transporte obsoleto, y no renovamos el tranvía, porque “lo quemaron el 9 de abril”. Han pasado muchos años y todavía quedan vestigios de esos rieles y a ningún alcalde se le ocurrió adquirir un nuevo tranvía.

El anverso de la medalla consiste en que en esos países los impuestos son elevados, pero hay un riguroso control sobre las inversiones. No hay corrupción y cualquier manifestación de violación a la ley en el Estado es castigada con rigurosidad. La justicia es implacable, pero los derechos humanos son respetados sin controversia. Es la razón para que muchos perseguidos políticamente busquen refugio en esos países, especialmente en Suecia.

Otro aspecto interesante es la manera como se conservan las carreteras. No existen los cráteres de nuestras vías y la eficiencia de los contratistas es proverbial. Es así como el panorama es de civilización y progreso. Nuestros gobernantes y en general los colombianos deben recordar la vieja frase del doctor Darío Echandía “esto no es Dinamarca, sino Cundinamarca”. Pero cuidadosamente debemos acércanos a los países escandinavos como una meta para lograr un mundo feliz, con paz y progreso.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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