viernes 27 de marzo de 2009 - 10:00 AM

No nos quedemos con los recuerdos

En los últimos años se ha despertado en nuestro departamento un gran interés por destacar la santandereanidad.

La idea es excelente, porque en esta forma se insiste en las viejas virtudes de nuestra región, muchas de ellas infortunadamente desaparecidas. Uno de los aspectos positivos de nuestra gente es la creatividad, todavía en el pináculo de su dimensión. Mas sin embargo parece que nos falta continuidad en los proyectos, lo cual deriva en la decadencia. Para evitar esto necesitamos una gran cruzada en los colegios y universidades para que los jóvenes entiendan la necesidad de la conservación y la productividad en asenso.

No es un inventario de cosas negativas, pero si es conveniente refrescar todas las grandes empresas que hemos iniciado y las dejamos a mitad de camino.

Empecemos por la Electrificadora cuya iniciativa vino de los hermanos Jones, y luego por los Penago y ahora, muchos años después, es vendida en gran porcentaje a las Empresas Públicas de Medellín. Y hablando de esta figura jurídica nuestras empresas públicas que eran ejemplo para nuestro país, fueron entregadas en venta, para pagar deudas y porque había mucha burocracia. La banda de música del departamento se acabó, porque había muchos empleados.

La biblioteca departamental permanece arrimada en viejos y mohosos anaqueles en la casa Perú de la Croix. Parece que el embeleco de la burocracia también funcionó.

Por otro lado, la vieja empresa licorera de Santander también entro en crisis, con argumentos como que los empleados se pensionaban a edad temprana. Hoy, he leído en los periódicos que la célebre cava pide que le entreguen la venta de licores a una empresa de Caldas. Parece que triunfaron en una idea ya vieja. En la actualidad vemos la ciudad 'llena de mugre', no hay aseo y hay sectores que tienen aspectos de tugurio, ya nadie se interesa por la bella ciudad de los parques. Nos queda el recuerdo de las empresas públicas.

En la empresa privada pasa algo parecido, la vieja industria entró en cuidados intensivos, ya el comercio bumangués es víctima de una marejada humana de tenderos foráneos que compiten agresivamente con los nuestros. No podemos quedarnos con las añoranzas de la provincia del Socorro, del estado soberano de Santander, de las industrias de la primera mitad del siglo y del floreciente comercio bumangués. Es preciso mantener la creatividad.

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